Más de 30 años de trayectoria profesional vinculada al trabajo con personas en situación de pobreza y vulnerabilidad han convertido a María Isabel Robles, trabajadora social y subdirectora técnica nacional del Hogar de Cristo, en una voz reconocida en materia social.
Su compromiso con quienes viven mayores situaciones de exclusión comenzó mucho antes de ingresar a la universidad. Desde sus años escolares ya sentía una especial preocupación por las personas que enfrentaban mayores necesidades y participaba en distintas acciones de apoyo social.
“Desde que estudiaba en el colegio tuve interés por los temas sociales. Siempre estaba presente la mirada hacia aquellas personas que tenían mayor necesidad. Era un país distinto, en un momento histórico bien particular, en que se podía observar mucha desigualdad; había mucho por hacer, había harta necesidad”, recuerda.
Pero hubo otra influencia decisiva en su vocación: su madre. Robles cuenta que creció viendo en ella un permanente compromiso con quienes necesitaban ayuda.
“Mi mamá era una persona con mucha vocación social, atenta a ayudar a familiares que necesitaban, a sus vecinas y vecinos, motivando la organización de la comunidad con actividades de solidaridad y recreativas también”, relata.
Vivían en el centro de Santiago, en un barrio donde convivían distintas realidades socioeconómicas. Su madre estaba atenta a las necesidades de quienes tenían menos recursos y requerían apoyo económico, por enfermedad u otras circunstancias.
“Creo que con su ejemplo surge en mí la toma de conciencia para esa vocación social: que no me dé lo mismo la injusticia o cuando hay alguien que lo está pasando mal”, afirma.
El encuentro con el Hogar de Cristo
En 1992, Robles llegó a trabajar al Hogar de Cristo. Ese momento significó un punto de inflexión en su manera de comprender la pobreza y la vulnerabilidad.
Su experiencia en la institución reforzó una mirada centrada en la justicia social y en el legado de San Alberto Hurtado.
“Graba a fuego la mirada desde la justicia social, a partir del legado de Alberto Hurtado que señala con gran convicción que ‘la caridad empieza donde termina la justicia’. Ese es un mensaje muy transformador y creo que lo sigue siendo”, señala.
Junto con esa perspectiva, hay otro concepto que se convirtió en un eje de su trayectoria: la dignidad.
Para Robles, ésta se entiende como un valor interior e intrínseco de cada persona y permite reconocer en el otro a un igual, que merece ser respetado y valorado como tal.
Esa mirada también ha transformado su manera de ejercer el trabajo social.
“No somos quienes sabemos mejor lo que es bueno para otros”
Después de décadas trabajando directamente con personas que viven situaciones de pobreza y exclusión, María Isabel Robles reconoce que uno de sus principales aprendizajes ha sido comprender que el profesional no tiene todas las respuestas.
“Muchas veces nuestra formación profesional nos hace creer que somos expertos y que por eso sabemos más y mejor lo que es bueno para otros. Con el tiempo, he ido entendiendo que en el trabajo con las personas más pobres y excluidas somos un apoyo, un instrumento que acompaña procesos particulares y colectivos que mejoren su calidad de vida”, explica.
En ese camino también ha aprendido a valorar la diferencia y la diversidad: “Hoy las entiendo como un valor, como una riqueza, no como una rareza”, sostiene.
Las personas que ha acompañado durante estos años también le han enseñado a perseverar frente a las dificultades y a reconocer el valor de la humildad.
“He aprendido a no darme por vencida, aunque sienta que todo va cuesta arriba, ni bajar los brazos cuando las cosas no van bien. Me han mostrado que la humildad y la sencillez son factores clave para dejarnos acompañar por otras y otros”, afirma.
Y agrega: “La verdad es que estoy muy agradecida porque me han entregado mucho aprendizaje en todos estos años”.
Un compromiso que sigue vigente
La nominación de María Isabel Robles por parte del Hogar de Cristo para ser elegida como una de las 100 Mujeres Líderes 2026 llega en un momento en que los desafíos sociales siguen siendo numerosos.
Su trayectoria ha estado ligada al desarrollo de propuestas de intervención social y al trabajo por personas mayores, personas con discapacidad mental, personas en situación de calle y quienes requieren apoyos y cuidados para vivir con mayor dignidad.
Después de tantos años acompañando historias difíciles, reconoce que existe una convicción que continúa impulsándola.
“Creo profundamente en que un país más justo y solidario es posible y, por sobre todo, es muy necesario. Incluso me atrevería a decir que es urgente, y me siento parte responsable de trabajar por ese sueño de justicia social”, afirma.
En esa tarea, los rostros y las historias de las personas que ha conocido durante su trayectoria tienen un lugar fundamental.
“Cuando pienso en las personas más pobres y excluidas que he podido conocer por mi trabajo, a las que he podido acompañar en todos estos años, muchos nombres y rostros que me han entregado tanto para crecer en lo personal y en lo profesional, me lleno de motivación y sentido para seguir aportando”, señala.
Su compromiso, dice, está en continuar poniendo al servicio de otros sus conocimientos, talentos y experiencia para contribuir a mejorar su calidad de vida.
Más que un reconocimiento personal, su postulación a las 100 Mujeres Líderes 2026 representa para Robles la oportunidad de visibilizar una trayectoria construida desde la sociedad civil y desde una convicción que ha acompañado toda su vida profesional: que avanzar hacia un Chile más justo, solidario y respetuoso de la dignidad de cada persona no solo es posible, sino también urgente.
Para votar por que María Isabel Robles sea elegida una de las 100 Mujeres Líderes 2026 debes hacerlo en este Link:
https://dev.mehub.cl/formulario?t=rnz0qw7M
Datos para la nominación:
• María Isabel Robles Meza
• Subdirectora Técnica Nacional
• Hogar de Cristo
• Categoría: Servicio Social
Hay plazo hasta el 19 de agosto.










