Jorge Camiroaga Puch nos recibe en su departamento en Santiago. Han pasado casi quince años, pero Felipe está por todas partes.
Está en las fotografías, en recuerdos familiares y también, de una manera difícil de explicar, en la voz de su padre. Por momentos su timbre recuerda al de Felipe y aparece ese mismo humor cercano que Chile conoció en televisión.
En esas fotografías está el hombre que condujo el Buenos Días a Todos, Animal Nocturno y el Festival de Viña del Mar; el mismo que hizo reír a Chile convertido en Washington. Pero para Jorge, antes de todo aquello, está simplemente su hijo.
“Estoy muy agradecido de Villa Alegre, de lo que hicieron cuando llegaron sus cenizas y de que después de tantos años lo sigan recordando con el mismo cariño. Para nuestra familia eso tiene un valor enorme.”
Este 2 de septiembre se cumplirán quince años de la tragedia aérea de Juan Fernández que terminó con la vida de Felipe Camiroaga Fernández y otras veinte personas.
“Son quince años, pero hay heridas que no sanan. Uno aprende a vivir con ellas. Yo tengo más hijos, a quienes quiero profundamente, pero la partida de Felipe fue un antes y un después en mi vida.”
Cuando Jorge recuerda a Felipe aparecen las vacaciones, el campo y, especialmente, los caballos.
“Felipe era muy travieso, muy libre. Villa Alegre le encantaba. Ahí conoció ese mundo del campo y los caballos que después lo acompañó durante toda su vida. Siempre tuvo algo muy de pueblo.”
La relación de los Camiroaga con Villa Alegre se remonta varias generaciones. Felipe pasó temporadas de su infancia en la comuna y, pocos meses antes de morir, fue reconocido como Hijo Ilustre.
Después de la tragedia vino un momento que Jorge todavía conserva nítidamente.
El 16 de noviembre de 2011, parte de las cenizas de Felipe llegó a Villa Alegre. Cientos de personas esperaron en las calles y luego acompañaron el cortejo hasta el Cementerio Parroquial.
“Recuerdo ese momento. Fue tremendamente impactante, quizás incluso más que el funeral que vivimos en Santiago. Recuerdo a todo Villa Alegre en aquella calle junto a la iglesia esperando a Felipe. Con el tiempo he pensado que quizás ese fue realmente su funeral, porque llegó a un pueblo que quería mucho y que también lo quería a él.”
Un cortejo de jinetes acompañó aquel último recorrido. Los caballos, otra vez, estuvieron presentes.
Desde entonces, parte de sus cenizas permanece en el sector de los Hombres Ilustres del cementerio. Jorge reconoce que algunas veces regresa.
“De repente viajo y lo paso a ver, pero muy discretamente. Voy, estoy un rato ahí y después sigo mi camino. Es algo muy personal.”
También agradece especialmente la sala que el Museo Histórico de Villa Alegre mantiene dedicada a Felipe.
“Valoro mucho que exista ese espacio. Siempre que la gente me habla de Felipe, de alguna manera también termina mencionándome Villa Alegre. Es como si su nombre hubiera quedado unido al pueblo.”
Quince años después, Jorge prefiere recordar al hijo vivo antes que detenerse en la tragedia.
Y entonces cuenta un sueño.
“Una vez soñé con Felipe. Tenía el pelo largo, estaba vestido de blanco y lo veía muy contento.”
Hace una pausa.
“Así me lo imagino también. Quizás por Villa Alegre. Estoy seguro de que el alma de Felipe sigue jugando por ahí, quizás andando a caballo. Creo que él hubiese estado contento sabiendo que quedaría para la eternidad en Villa Alegre.”
La entrevista termina y las fotografías permanecen alrededor de Jorge.
En ellas Felipe no envejece.
Quizás en Villa Alegre tampoco.
Misa a 15 años de su partida
Este miércoles 2 de septiembre, a las 12:00 horas, se realizará una misa en memoria de Felipe Camiroaga Fernández en el Cementerio Parroquial de Villa Alegre, junto a su sepultura en el sector de los Hombres Ilustres, donde permanece parte de sus cenizas.
A quince años de la tragedia de Juan Fernández, Villa Alegre volverá a reunirse para recordar a Felipe, el hombre que alguna vez llegó de vacaciones, conoció ahí los caballos y terminó quedándose para siempre.
Por Jaime González Colville






