Las redes sociales se han transformado en una de las principales fuentes de información sobre alimentación y nutrición. A diario surgen dietas, desafíos y recomendaciones que prometen resultados rápidos, captando la atención de miles de personas que buscan mejorar su salud, bajar de peso o modificar sus hábitos alimentarios.
Sin embargo, detrás de muchas de estas tendencias existen riesgos que suelen pasar desapercibidos. Así lo explica José Luis Pino Villalón, PhD y académico de la carrera de Nutrición y Dietética de la Universidad Santo Tomás (UST) Talca, quien advierte que el éxito de estas dietas responde, principalmente, a la promesa de obtener grandes beneficios con poco esfuerzo.
“Las dietas que prometen grandes resultados con un mínimo esfuerzo suelen tener una alta aceptación entre las personas. Además, muchas veces están respaldadas mediáticamente por figuras famosas o simplemente se convierten en tendencia”, señala.
El académico enfatiza que seguir recomendaciones alimentarias sin supervisión profesional ni respaldo científico puede generar consecuencias importantes, especialmente cuando estas prácticas se mantienen en el tiempo.
“Las dietas altas en grasas, como la keto o cetogénica, pueden afectar el músculo cardíaco, reducir la masa muscular y alterar el perfil lipídico, lo que podría derivar en complicaciones cardiovasculares. Asimismo, las dietas muy restrictivas tienden a disminuir la tasa metabólica basal y, al retomar la alimentación habitual, suelen provocar el conocido efecto rebote”, explica.
A ello se suman efectos que van más allá de la salud física. Según el especialista, la alimentación también influye directamente en el bienestar emocional de las personas.
“Existe evidencia sólida sobre el eje intestino-microbiota-cerebro, lo que demuestra que nuestra alimentación afecta directamente nuestras emociones, y esta relación es bidireccional”, afirma.
En este contexto, comprender cómo las personas toman decisiones respecto a su alimentación se ha convertido en un área de creciente interés científico. Factores personales, fisiológicos y ambientales intervienen constantemente en la conducta alimentaria y pueden determinar hábitos saludables o poco beneficiosos para la salud.
“El comportamiento alimentario está modulado por factores personales, fisiológicos y ambientales. Nuestro estado de ánimo puede inclinar la balanza hacia elecciones poco saludables si no somos conscientes de ellas. Por ello, es fundamental fomentar un comportamiento alimentario consciente, que nos permita identificar no solo qué comemos, sino también cómo, cuándo y por qué lo hacemos”, sostiene.
Frente a estos desafíos, la formación especializada adquiere un rol cada vez más relevante. En este ámbito, la Universidad Santo Tomás cuenta con el Magíster en Comportamiento Alimentario y Nutrición, programa que aborda de manera interdisciplinaria fenómenos relacionados con la conducta alimentaria, la microbiota intestinal y su impacto en la salud y el bienestar.
El programa entrega herramientas científicas para comprender cómo factores biológicos, psicológicos y ambientales influyen en las decisiones alimentarias de las personas. Entre sus áreas de estudio se encuentran los prebióticos, probióticos y simbióticos, elementos que participan en la interacción entre la microbiota intestinal y el cerebro.
“Estos elementos modulan la interacción entre la microbiota y el eje intestino-cerebro, ofreciendo una perspectiva científica e interdisciplinaria para comprender cómo la biología influye en nuestra conducta alimentaria”, concluye Pino.
De esta manera, el magíster busca contribuir a la formación de profesionales capaces de comprender y abordar fenómenos alimentarios complejos desde una mirada basada en evidencia, respondiendo a los desafíos que plantea una sociedad cada vez más expuesta a información nutricional de rápida circulación y diverso origen.







