Durante años, la educación técnico-profesional en Chile ha enfrentado una crítica persistente: formar estudiantes con habilidades valiosas, pero sin suficientes oportunidades concretas para dar el salto al mundo laboral. En ese contexto, el Programa Construyo mi Futuro, impulsado por la Cámara Chilena de la Construcción (CChC) y ejecutado por ONG Canales, aparece como una señal clara de que esa brecha sí se puede acortar.
El corazón de esta iniciativa está en algo tan simple como poderoso: las prácticas profesionales, instancia que activa la relación estudiante y campo laboral. No como un trámite de egreso, sino como una experiencia significativa, vinculada a empresas reales y con posibilidades concretas de proyección.
Estos resultados comienzan a hablar por sí solos, donde se visualiza de manera tangible, que ocho estudiantes que realizaron sus prácticas en el marco del Programa Construye mi Futuro hoy se mantienen trabajando en las mismas empresas del sector en donde culminaron su proceso formativo (práctica). A eso se suman otras 8 ofertas laborales generadas solo el 2025, una cifra que, más allá de lo cuantitativo, evidencia un cambio más allá de la lógica, muestra el compromiso de nuestras empresas socias ya no solo reciben practicantes, sino que identifican talento y lo integran a su personal generando contratación como trabajador, un valor agregado desde el crecimiento formativo, asi como crecimiento económico que impacta no solo en ellos como estudiantes vinculados laboralmente si no en sus familias, mostrando la oportunidad económica que entrega el rubro de la construcción en la economía de muchos hogares.
Detrás de estos números hay historias que reflejan un cambio profundo. Jóvenes que realizaron prácticas en áreas como electricidad, construcciones metálicas, instalaciones sanitarias y construcción, en seis empresas del sector, no solo adquirieron experiencia técnica. También accedieron a algo que muchas veces es más difícil de conseguir: confianza, redes y una primera oportunidad laboral formal.
Ese primer empleo es, para muchos, el punto de inflexión. Es lo que permite romper el círculo de la incertidumbre que suele acompañar el egreso de la educación técnica. Y es también una señal potente para el sistema educativo: cuando las empresas se involucran de manera activa, el aprendizaje cobra sentido y se traduce en oportunidades reales.
Pero el impacto del programa va más allá de quienes ya han conseguido trabajo. Construyo mi Futuro ha abierto las puertas de la industria a cientos de estudiantes de liceos técnicos a lo largo del país. Charlas motivacionales, visitas a terreno y múltiples instancias de acercamiento al mundo de la construcción han permitido que jóvenes conozcan, de primera fuente, el sector en el que podrían desarrollarse. Esto no solo fortalece su formación, sino que también amplía sus aspiraciones.
En un país donde los estudios en los establecimientos de educación superior como institutos y universidades aún pesa demasiado en las trayectorias laborales, generar este tipo de puentes es fundamental. No se trata solo de formar buenos técnicos, sino de asegurar que tengan un lugar donde desplegar su talento. Y en ese sentido, el programa ofrece una lección valiosa: la articulación entre educación y empresa no es un ideal abstracto, sino una estrategia concreta y efectiva.
El desafío ahora es evidente. ¿Cómo se amplifica este modelo? ¿Cómo se logra que más empresas, más sectores y más territorios adopten esta lógica de formación con inserción laboral real? Porque si algo queda claro, es que cuando una práctica deja de ser un requisito y se convierte en una oportunidad, el futuro deja de ser una promesa y empieza a construirse desde hoy.
Sylvana Narváez
Presidenta Comisión Construyo mi futuro











