Cada invierno las lluvias intensas, los sistemas frontales y los deslizamientos de tierra recuerdan la importancia de estar preparados. A ello se suma la permanente actividad sísmica del país, un escenario que hace indispensable que las familias adopten medidas preventivas antes de que ocurra una emergencia.
Más que reaccionar cuando sucede un desastre, la clave está en la planificación. Contar con suministros básicos, conocer las vías de evacuación y mantener un plan familiar son acciones que pueden marcar una diferencia durante las primeras horas de una contingencia.
Para el docente de INACAP Sede Talca, Jorge Ramírez, la preparación no debe entenderse como una respuesta al miedo, sino como una práctica de responsabilidad que permite enfrentar situaciones críticas con mayor tranquilidad.
“En un país como Chile, donde la ocurrencia de terremotos, tsunamis, incendios forestales, erupciones volcánicas e inundaciones es una realidad permanente, la preparación es la principal herramienta para proteger vidas. Como estos eventos no pueden predecirse con exactitud, es fundamental que cada familia cuente con un plan de emergencia y un kit preparado para ser autosuficientes durante al menos 72 horas, ya que los servicios básicos y la ayuda pueden tardar en llegar”, señaló el académico.
Kit de emergencia:
Uno de los aspectos fundamentales es disponer de un kit de emergencia accesible para todos los integrantes del hogar. Este debe contener los elementos necesarios para afrontar un periodo inicial en caso de cortes de energía, interrupción del suministro de agua o una evacuación preventiva.
Aunque el contenido puede variar según las características de cada familia, existen artículos que siempre debieran estar disponibles. “Este kit debe incluir agua potable, alimentos no perecibles, radio y linternas a pilas, baterías de respaldo, botiquín con medicamentos personales, documentos protegidos, dinero en efectivo, ropa de abrigo y elementos específicos según las necesidades del grupo familiar, como artículos para bebés o adultos mayores. Estar preparados reduce la vulnerabilidad y permite actuar con rapidez y seguridad ante una emergencia”, señaló Ramírez.
El académico también señala que la preparación no termina una vez que el kit está listo. Revisar periódicamente su contenido, reemplazar productos vencidos y adaptar los implementos a las necesidades de niños, adultos mayores, personas con enfermedades crónicas o mascotas son acciones que permiten mantenerlo realmente útil cuando se necesita.
Además del equipamiento, resulta fundamental que cada familia converse previamente sobre cómo actuar frente a una emergencia. Definir un punto de encuentro, identificar las zonas de seguridad y conocer las vías de evacuación del sector puede facilitar la toma de decisiones en momentos de alta incertidumbre.
“Para fortalecer la cultura preventiva, las familias deben contar con un plan de emergencia con roles, rutas de evacuación y puntos de encuentro definidos. También es necesario realizar simulacros, enseñar cómo actuar ante una emergencia, mantener la vivienda segura, conocer las zonas de seguridad e informarse a través de fuentes oficiales, promoviendo la preparación sin generar temor”, afirmó el docente.
Finalmente, el académico enfatiza que promover una cultura de prevención es una tarea permanente. Pequeñas acciones realizadas con anticipación pueden contribuir significativamente a disminuir los riesgos y enfrentar de mejor manera los distintos eventos naturales que forman parte de la realidad del país.






