Hace casi veinte años, mientras estudiaban Agronomía con especialización en Enología, María José Ortúzar y Natalia Poblete compartían una idea que parecía lejana: hacer su propio vino. Tras titularse en 2007, ambas comenzaron a trabajar en distintas viñas, recorrieron Chile, participaron en vendimias en el extranjero y acumularon experiencia en algunas de las principales zonas productoras del mundo. Sin embargo, el proyecto propio seguía rondando.
María José fue la primera en dar el paso. En 2012 elaboró una pequeña barrica de vino para compartir con familiares y amigos. Dos años después volvió a intentarlo, pero Natalia todavía no estaba convencida de embarcarse en la aventura. Finalmente, en 2015 logró convencerla y juntas dieron vida a Moretta Wines.
El nombre, Moretta, está inspirado de una máscara del festival de Venecia que es totalmente negra, sin brillos y destaca por su originalidad. Con eso en mente, decidieron apostar por vinos sin “maquillaje”, que muestren identidad, territorio y origen. Por eso partieron haciendo “carignan”, una variedad que no es muy conocida en Chile.
“No queríamos hacer el típico vino, queríamos hacer cosas distintas. Como mujeres enólogas, para poder mostrar nuestro trabajo hacer ‘un vino más’, es fome. Si bien hay muchas mujeres enólogas igual es una industria aún un poco machista a veces, así que decidimos irnos por el carignan, que es una variedad que hace vino de excelentes calidades y en Chile tenemos plantas de hasta 120 años que no han sido valoradas, entonces veíamos super atractivo hacer algo con esto”, relata María José.
Gracias a los años que ambas trabajaron en viñas de gran escala, conocían distintos productores de la zona del Maule. Fue así como llegaron hasta Cauquenes y tocaron la puerta de Andrés Guzmán, dueño de un pequeño viñedo de antiguas parras de más de 80 años.
“Hacer vino son dos años antes de que uno empiece a venderlo, así que partimos haciendo el carignan y el 2016 recorriendo el viñedo nos dimos cuentan que don Andrés tenía un poco de uvas que vendía en la feria que eran de “cinsault” (variedad de vino) que tampoco es clásica en Chile, así que le dijimos que no vendiera la uva en la feria y nos la vendiera a nosotras así que lo hicimos”, cuenta la enóloga.
En su primer año Moretta produjo solo 2.000 botellas. Diez años después, ese cinsault fue elegido el mejor de Chile.
El vino que no querían hacer
En enero de 2017, una serie de incendios forestales se generaron a lo largo del país y la Región de Maule fue una de las zonas más afectadas, con más de 180 mil hectáreas consumidas. A pesar de que el viñedo de don Andrés no se quemó, una nube de humo negro permaneció semanas sobre los campos y una empresa decidió no comprar las uvas de cabernet sauvignon que estaban listas.
“Con la Nati, la verdad es que no lo pensamos mucho y le dijimos que no se preocupara, que nosotros le íbamos a comprar la uva ese año”, cuenta María José. La decisión implicó elaborar un cabernet sauvignon, precisamente una de las variedades que habían evitado desde el inicio para diferenciarse dentro de una categoría altamente competitiva. Sin embargo, el resultado las sorprendió.
“Dijimos que, si íbamos a hacer un cabernet y estamos obligadas, hagámoslo de una forma distinta, de un estilo distinto y busquemos algo que nos haga sentido a nosotras”, agrega. Así nació Ceniciento, nombre inspirado tanto en las cenizas de los incendios como en la historia de algo que inicialmente no querían hacer y terminó convirtiéndose en uno de sus mayores éxitos.
Hoy, este cabernet es el vino más vendido de Moretta Wines, ha sido reconocido entre los mejores cabernet fuera del Valle del Maipo y representa una parte importante del crecimiento que ha experimentado la viña durante la última década.
Del Maule a todo Chile
En 2023 dieron un paso importante al comprar la viña que perteneció a Andrés Guzmán, el mismo lugar donde comenzaron a hacer vino. Desde entonces han impulsado una transición hacia un manejo más orgánico, reemplazando los productos químicos tradicionales por alternativas más sustentables.
Al mismo tiempo, ya comenzaron a vender sus productos en el retail de la mano del programa de apoyo a pymes de Unimarc, 100% Nuestro y están en cerca de 50 salas a lo largo del país. El gerente del formato Unimarc, Lionel Gubler, indica que “es un orgullo tener un vino chileno, con uvas del Maule y producido por mujeres en nuestros locales y que lleguen a personas de todo el país. Nuestro programa busca darle visibilidad a lo local y esto rescata una tradición de una zona importante de la mano de personas que buscan aportar valor y su sello”.
El crecimiento de Moreta Wines ha sido gradual. En lugar de aumentar fuertemente la producción desde el inicio, la empresa optó por crecer a medida que aumentaba la demanda, manteniendo volúmenes controlados y desarrollando cada nueva etiqueta de forma paulatina. “Partimos con dos mil botellas y hoy estamos alrededor de las 30 mil botellas al año”, detalla María José.
Actualmente cuentan con ocho vinos distintos y exportan cerca del 40% de su producción a mercados como Estados Unidos, Suecia, Alemania, Brasil y Japón. María José destaca esta nueva etapa al incorporarse al programa 100% Nuestro de Unimarc, “partimos pensando que entraríamos a unas pocas salas y finalmente vamos a estar presentes en todo Chile. Es un desafío grande, pero también una oportunidad enorme para seguir creciendo”, concluye María José.






