Dormir una hora menos, despertar con mayor cansancio o sentir que cuesta más concentrarse son algunos de los efectos que pueden aparecer tras el cambio de hora. Aunque para muchas personas la adaptación ocurre en pocos días, la modificación del horario puede alterar temporalmente el reloj biológico y afectar la calidad del descanso.
Jessica Noack, profesora asociada de la carrera de Enfermería de la Universidad Santo Tomás Talca, explica que este proceso está relacionado con el ritmo circadiano, encargado de regular el sueño, la vigilia, la temperatura corporal y diversas funciones hormonales.
“El cambio de hora puede alterar temporalmente nuestro ritmo circadiano, es decir, el reloj biológico que regula el sueño, la vigilia, la temperatura corporal y diversas funciones hormonales. Durante los primeros días pueden aparecer cansancio, somnolencia, dificultad para conciliar el sueño, irritabilidad y una menor capacidad de concentración”, señala la académica.
El cambio se producirá este sábado 5 de septiembre, cuando gran parte de Chile adelantará sus relojes en una hora para dar inicio al horario de verano. A la medianoche, los relojes deberán adelantarse 60 minutos, pasando de las 00:00 a la 01:00 horas.
La medida también regirá en la Región del Maule. En tanto, las regiones de Aysén y de Magallanes y la Antártica Chilena mantendrán su horario actual, por lo que sus habitantes no deberán modificar sus relojes.
¿Quiénes pueden verse más afectados?
Si bien cualquier persona puede experimentar los efectos del cambio de horario, existen grupos que podrían presentar mayores dificultades durante el proceso de adaptación.
“Los grupos más afectados son los niños, los adolescentes, los adultos mayores, las personas con antecedentes de problemas de sueño y los trabajadores por turnos. En ellos, es especialmente importante mantener horarios regulares y observar cambios en el comportamiento, el rendimiento o el nivel de alerta”, explica Noack.
Para facilitar la adaptación, la académica de la Universidad Santo Tomás Talca recomienda realizar algunos cambios de manera progresiva durante los días previos y posteriores a la modificación horaria.
“Se recomienda modificar gradualmente los horarios de sueño unos días antes, acostándose y levantándose 15 a 20 minutos antes o después, según corresponda. También es beneficioso exponerse a la luz natural durante el día, reducir el uso de pantallas y la luz intensa por la noche, evitar la cafeína en horas tardías, mantener actividad física y procurar un dormitorio oscuro, silencioso y confortable”, detalla.
Además de mantener una rutina de descanso, la exposición a la luz natural durante el día puede contribuir a que el organismo vaya ajustando su reloj biológico al nuevo horario.
¿Cuándo deberíamos preocuparnos?
Las molestias asociadas al cambio de hora deberían ser transitorias. Sin embargo, existen algunas manifestaciones a las que se debe prestar atención, especialmente cuando comienzan a interferir con las actividades cotidianas.
Desde la perspectiva de Enfermería, Noack identifica como señales de alerta “el insomnio persistente, la somnolencia diurna intensa, la dificultad importante para concentrarse, la irritabilidad marcada, las caídas, las alteraciones cognitivas o el quedarse dormido involuntariamente”.
Si estos síntomas son intensos, persisten más allá de los primeros días o afectan las actividades habituales, la académica de la Universidad Santo Tomás Talca recomienda consultar a un profesional de la salud.
Frente al cambio de hora de este sábado, anticiparse con pequeños ajustes en la rutina, cuidar las horas de descanso y prestar atención a las señales que entrega el organismo pueden hacer que la transición al horario de verano sea más llevadera.






