Fundación Choshuenco vuelve a instalar en el debate público una de las principales debilidades del sistema de educación inicial en Chile y que dice relación con la existencia de esquemas de financiamiento diferenciados según el tipo de administración de los jardines, que terminan generando inequidades en la provisión del servicio, particularmente en los sectores más vulnerables.
De acuerdo con los antecedentes levantados por la fundación, los jardines infantiles administrados vía transferencia de fondos (VTF) reciben en promedio un 41,6% menos recursos por niño que los establecimientos de Fundación Integra y un 44,2% menos que los de la Junta Nacional de Jardines Infantiles (Junji).
Esta brecha se produce pese a que el modelo VTF concentra una proporción relevante de la matrícula total y, en términos de focalización, atiende a una población con mayores niveles de vulnerabilidad socioeconómica.
La diferencia se debe a que existen dos formas distintas de financiar los jardines infantiles. Por un lado, los establecimientos de la Junta Nacional de Jardines Infantiles (Junji) y Fundación Integra cuentan con un presupuesto estable, definido cada año en la ley de presupuestos, que cubre gastos como personal, infraestructura, mantención y gestión.
En cambio, los jardines VTF dependen principalmente de un pago que varía según la asistencia diaria de los niños. Esto hace que sus ingresos sean inestables y dificulta planificar a mediano plazo, por ejemplo, para contratar equipos, invertir en mejoras o sostener proyectos educativos en el tiempo.
Al respecto, el director ejecutivo de Fundación Choshuenco advirtió que esta asimetría genera distorsiones relevantes en el funcionamiento del sistema porque en definitiva “estamos frente a un problema de diseño. No solo hay menos recursos en términos absolutos, sino también un mecanismo de financiamiento más inestable, que dificulta sostener equipos, planificar inversiones y asegurar estándares de calidad comparables”, explicó.
En la práctica, señaló, que “esta estructura impacta en dimensiones críticas del proceso educativo. La menor disponibilidad de recursos limita la inversión en capital pedagógico, restringe la competitividad de las condiciones laborales y aumenta la rotación de educadoras y técnicos, un factor que la evidencia identifica como clave en la calidad de las interacciones en aula”.
Este escenario resulta particularmente crítico si se considera la evidencia acumulada sobre la relevancia de la educación inicial. Organismos como la OCDE han documentado que intervenciones de alta calidad en la primera infancia tienen retornos sociales y económicos superiores a los de cualquier otro nivel educativo, incidiendo en el desarrollo de habilidades cognitivas y socioemocionales, así como en la reducción de brechas de origen.
Sin embargo, en Chile la cobertura efectiva aún presenta rezagos, especialmente en los niveles de sala cuna y medio menor. Datos del Ministerio de Educación de Chile muestran que la asistencia disminuye en los quintiles de menores ingresos, donde inciden factores como la disponibilidad de cupos, la percepción de calidad y las condiciones de acceso.
A juicio de Jaramillo, las brechas de financiamiento actúan como una restricción estructural para revertir esta situación. “Existe una relación directa entre calidad percibida y decisión de asistencia. Si no logramos asegurar condiciones equivalentes en todos los jardines, especialmente en aquellos que atienden a la población más vulnerable, el sistema difícilmente va a expandir su cobertura de manera efectiva”, sostuvo el director ejecutivo.
Desde una mirada de política pública, la entidad advierte que avanzar en cobertura sin corregir estas asimetrías puede derivar en un sistema segmentado, donde coexisten distintos estándares de calidad bajo un mismo marco institucional.
En ese sentido, la Fundación Choshuenco plantea la necesidad de transitar hacia un modelo de financiamiento más homogéneo, que reconozca costos reales de provisión, incorpore criterios de equidad y reduzca la dependencia de variables volátiles como la asistencia diaria.
Como antecedente, la fundación mencionó que actualmente se tramita en el Congreso el proyecto de sala cuna universal, iniciativa que busca ampliar el acceso a este nivel educativo. No obstante, recalcaron que el foco estructural debe estar en la calidad del sistema.
“No se trata solo de ampliar la cobertura, sino de hacerlo sobre una base sólida. La evidencia muestra que los beneficios de la educación inicial dependen críticamente de su calidad. Por eso, corregir las brechas de financiamiento no es accesorio, es una condición habilitante para cualquier política que busque impacto real”, concluyó Jaramillo.








