Parte del valioso patrimonio genético de la pequeña agricultura chilena volvió al país tras permanecer casi cuatro décadas en resguardo en un banco internacional de germoplasma en Colombia. Se trata de distintas variedades de semillas tradicionales de porotos chilenos, recolectadas el siglo pasado en distintas partes del país, para ser protegidas de situaciones naturales que podrían haber provocado su pérdida definitiva.
La repatriación fue llevada a cabo por investigadores del Banco de Recursos Genéticos Vegetales de INIA Quilamapu, en Chillán, gracias al apoyo de la subsecretaría de Agricultura de Chile y del Fondo de Distribución de Beneficios de la FAO.
El banco de germoplasma en Chillán
Gerardo Tapia, curador del banco, señaló que la colección actual que se mantiene a resguardo en esa unidad de INIA asciende a 1.239 accesiones o variedades de porotos. Esta colección se conformó a partir de prospecciones realizadas por investigadores de INIA, a fines del siglo pasado, en más de 200 localidades desde Arica a Chiloé. Añadió que, en ese periodo, las variedades tradicionales eran cultivadas por pequeños productores y que, producto de procesos naturales, muchas de ellas fueron desapareciendo.
El científico explicó que el avance de los monocultivos agrícolas desde mediados del siglo pasado también contribuyó a la desaparición de numerosas variedades tradicionales y, por consiguiente, a la necesidad de proteger las restantes. Destacó que esta situación fue la que motivó la creación de los bancos de germoplasma en el país.
Una copia de la colección de porotos resguardada en el banco de INIA Quilamapu fue enviada al Centro Internacional de Agricultura Tropical (CIAT), ubicado en las cercanías de Cali, en Colombia, donde funciona uno de los principales repositorios internacionales de porotos del mundo.
Respecto de este proceso, Gerardo Tapia indicó que “realizamos un catastro de las variedades que ya no estaban disponibles en nuestros bancos y gestionamos su repatriación. Son materiales que vuelven al país después de casi cuatro décadas y que forman parte de nuestro patrimonio agrícola”. Explicó que las semillas repatriadas forman parte de la historia agrícola y cultural de Chile. “Recuperarlas no solo permite conservarlas, sino también ponerlas a disposición de la investigación y devolverlas a los territorios donde se originaron”, sentenció.
Delicado proceso de repatriación
Las semillas de 206 variedades tradicionales llegaron la segunda semana de junio al Banco de Recursos Genéticos Vegetales en bolsas selladas, cada una identificada con códigos que permiten seguir la trazabilidad respecto de su origen, regeneraciones e información relevante. Cada bolsa contiene alrededor de 20 semillas, cantidad suficiente para iniciar una etapa crucial: la multiplicación del material bajo condiciones controladas en las instalaciones de INIA Quilamapu.
“El primer objetivo es regenerar el material recibido y aumentar la cantidad de semillas disponibles. Para ello trabajamos en condiciones de confinamiento, evitando posibles contaminaciones por enfermedades o condiciones adversas, y resguardando la calidad de la semilla que se obtendrá”, explicó el especialista.
Sin embargo, este proceso de regeneración no estará exento de desafíos, advirtió Tapia, ya que muchas de estas variedades permanecieron durante décadas almacenadas y congeladas. “Ellas crecieron en su origen en condiciones climáticas distintas a las actuales”, precisó.
Para el científico y curador del banco de germoplasma, esta diversidad genética constituye la base para el desarrollo de nuevas variedades de porotos chilenos, ya que “una parte importante no estaba disponible en el país”. Añadió que algunas variedades podrían aportar características de interés, como tolerancia a condiciones de sequía y a temperaturas extremas, además de resistencia a enfermedades.
Por último, el investigador de INIA Quilamapu explicó que esta repatriación abre nuevas oportunidades para estudiar el valor nutricional de estos materiales. “Muchas de estas variedades nunca han sido evaluadas en contenido de fibra, almidones y otros compuestos bioactivos beneficiosos para la salud”, sostuvo, tras lo cual agregó que este material también podría contribuir al desarrollo de nuevos productos alimenticios con mejores atributos nutricionales.







