El educador y exrector del Colegio Inglés de Talca, Roberto Bravo, es actualmente uno de los 25 integrantes del Consejo Nacional de Directores por Chile, instancia creada por el Ministerio de Educación para incorporar la experiencia directa de los líderes escolares en el análisis, diseño y seguimiento de políticas destinadas a fortalecer la gestión de escuelas y colegios.
El consejo reúne a directores provenientes de distintas regiones, dependencias, niveles y contextos educativos. Su primera sesión fue encabezada por la ministra de Educación, María Paz Arzola, y su tarea ha sido analizar la información recogida a nivel nacional y contribuir a definir prioridades para una hoja de ruta orientada al fortalecimiento del liderazgo pedagógico.
La iniciativa Directores por Chile ha adquirido especial relevancia durante 2026. El proceso consideró 16 jornadas regionales, la participación presencial de cerca de 1.800 directores y una encuesta respondida por más de 5.700 líderes escolares. A partir de ese trabajo, el Ministerio presentó una hoja de ruta con 20 medidas organizadas en tres grandes ejes: menos burocracia, fortalecimiento del liderazgo directivo y familias como primeros educadores.
Uno de los principales hallazgos del proceso fue precisamente el peso que actualmente tienen las tareas administrativas sobre la labor de los equipos directivos. Según los antecedentes presentados por el Ministerio, cerca de un tercio del tiempo de los directores se destina a labores administrativas; un 80,6% señala que esta carga interfiere frecuente o muy frecuentemente con las acciones pedagógicas y un 85% considera que recibe más requerimientos administrativos de los razonables.
Para Bravo, poner el foco en esta realidad resulta fundamental.
“Durante muchos años hemos hablado de mejorar los aprendizajes, pero para lograrlo necesitamos que quienes lideran las escuelas tengan tiempo para ejercer liderazgo pedagógico. Cada hora que un director destina innecesariamente a burocracia es una hora que deja de estar en las salas de clases, acompañando profesores, conversando con estudiantes o apoyando a sus equipos”.
El exrector sostiene que el desafío no consiste simplemente en disminuir tareas administrativas, sino en redefinir dónde genera mayor valor el tiempo de un director.
“El tiempo directivo es uno de los recursos más escasos y valiosos que tiene una escuela. Ojalá cada minuto que podamos liberar se traduzca en más acompañamiento pedagógico, más observación de clases, más desarrollo profesional docente y también más presencia junto a estudiantes y comunidades que hoy enfrentan desafíos socioemocionales cada vez más complejos”.
El Ministerio ha definido al Consejo Nacional como una instancia consultiva que continuará acompañando, haciendo seguimiento y retroalimentando las acciones derivadas de esta hoja de ruta durante el período 2026–2030.
Para Bravo, ese vínculo entre política pública y experiencia práctica constituye uno de los principales valores de la iniciativa.
“Las políticas educativas necesitan conversar mucho más con lo que ocurre todos los días dentro de una escuela. Los directores conocemos dónde se producen los nudos, qué regulaciones se superponen, qué decisiones ayudan realmente y cuáles terminan alejándonos del aprendizaje. Que esa experiencia pueda llegar directamente a quienes toman decisiones es una señal muy positiva”.
Desde su experiencia en liderazgo escolar y formación de equipos directivos, Bravo agrega que fortalecer a los directores puede producir un efecto multiplicador sobre todo el sistema.
“Cuando fortalecemos a un director no estamos fortaleciendo solamente a una persona. Estamos impactando a profesores, estudiantes, familias y, finalmente, a toda una comunidad educativa. Por eso el liderazgo directivo debe dejar de verse como un tema administrativo y entenderse como una verdadera política de mejoramiento educativo”.
La iniciativa Directores por Chile forma parte de la apuesta ministerial por volver a situar a los equipos directivos como líderes pedagógicos, recogiendo la experiencia territorial y acercando las decisiones de política pública a la realidad cotidiana de las comunidades escolares.






