Ver crecer a una hija, volver a trabajar, practicar deporte o simplemente recuperar la independencia son experiencias que para muchas personas trasplantadas adquieren un significado especial. Así lo relataron pacientes y familias que participaron en una jornada educativa organizada por el Hospital Regional de Talca, en el marco del Día Mundial de las Personas Trasplantadas.
Una de ellas fue Claudia Díaz, quien recibió un trasplante renal hace más de tres años, luego de enfrentar un complejo proceso de diálisis. “Yo sentía que ya no había nada más que hacer, incluso ya me estaba despidiendo de mi familia. Un día me llamó el equipo de trasplante para decirme que había un donante para mí y realmente me cambió la vida. Volví a nacer”, recordó.
Hoy asegura que puede disfrutar plenamente junto a su familia y desarrollar actividades que antes parecían imposibles. “Puedo ver crecer a mi hija, hacer deporte y llevar una vida normal. Hay que cuidarse y seguir los controles, pero el cambio es del cien por ciento”, afirmó.
La jornada también contó con la participación de Óscar Flíes, quien decidió convertirse en donante vivo para su esposa. “Pasamos de depender de la diálisis a recuperar nuestra independencia y calidad de vida. Hoy somos una familia feliz y agradecida”, señaló.
Además, destacó la importancia de promover la donación de órganos. “Donar un riñón no impide llevar una vida normal. Es un acto que puede mejorar e incluso salvar la vida de otra persona”.
El trasplante es el inicio de una nueva etapa
La médico jefe del Centro de Responsabilidad de Procuramiento y Trasplante del Hospital Regional de Talca, Dra. Patricia Carruyo, explicó que recibir un trasplante representa una nueva oportunidad de vida, pero también el inicio de una etapa que requiere compromiso permanente.
“El trasplante mejora significativamente la calidad de vida de los pacientes, pero para que ese órgano funcione durante muchos años es fundamental mantener los cuidados y seguir rigurosamente el tratamiento indicado”, señaló.
La especialista enfatizó que la adherencia a los medicamentos inmunosupresores es uno de los pilares para evitar el rechazo del órgano y prevenir complicaciones.
Asimismo, recordó la importancia de mantener las vacunas al día, utilizar mascarilla en espacios de alta concurrencia durante períodos de circulación viral, realizar una adecuada higiene de manos y acudir oportunamente a los controles médicos.
“El trasplante no es el final del tratamiento. Es el comienzo de una nueva etapa que requiere cuidados permanentes para proteger este regalo de vida que proviene de una decisión solidaria de otra familia”, indicó.
Educación y acompañamiento
La actividad organizada por el Hospital Regional de Talca buscó reforzar conocimientos sobre autocuidado, prevención de infecciones, alimentación saludable y adherencia terapéutica, entregando herramientas tanto a pacientes como a sus familias.
Desde el programa de trasplante renal del establecimiento destacaron que el acompañamiento comienza desde el momento en que una persona es llamada para recibir un órgano y continúa durante todo el proceso posterior mediante controles médicos, seguimiento de enfermería y educación permanente.
Finalmente, la Dra. Carruyo realizó un llamado a fortalecer la cultura de la donación de órganos.
“Dar un órgano es dar vida. Gracias a la generosidad de las familias donantes, muchas personas pueden recuperar su salud, su independencia y la posibilidad de volver a proyectar su futuro”, concluyó.









