De acuerdo con la VIII Encuesta de Microemprendimiento (EME) del INE, en Chile existen 1.998.178 personas microemprendedoras, lo que refuerza la importancia de concebir a esta actividad económica como una vía concreta para la generación de empleos y de permanencia en el mercado laboral.
No obstante, la misma medición advierte desafíos relevantes. Un 49,4% inició su negocio por necesidad y un 34,8% lo hizo a partir de una oportunidad. Además, 54,2% desarrolla su actividad de manera informal, condición que afecta con mayor fuerza a quienes tienen menor nivel de escolaridad (75,4% de quienes se desenvuelven en la informalidad reportan haber llegado solo a educación básica).
Estas cifras refuerzan la necesidad de acompañamiento, formación y redes de apoyo.
Bajo este contexto, la directora del Observatorio Laboral del Maule (OLM), Irma Carrasco Tapia, destacó que, “en la medida que se han desarrollado cambios importantes en el sector económico y del entorno, las universidades han sabido adaptarse mediante rediseños curriculares, proyectos, convenios, y programas orientados a fortalecer capacidades para emprender”.
En esa línea, mencionó que el rol de la academia, “hoy en día no se limita a la formación profesional y teórica, sino que también apunta a generar competencias y experiencias vinculadas al emprendimiento de manera bidireccional”.
Como ejemplo, mencionó el trabajo desarrollado por la UCM a través del proyecto Vincula Maule, “donde se articula un trabajo en red entre facultades, instituciones públicas, y comunidades para el desarrollo de talleres y módulos de emprendimiento con el apoyo estudiantes. “Estamos formando también a nuestros estudiantes para poder ser emprendedores o para que ellos impulsen el emprendimiento”, afirmó.
Esta visión es compartida por la directora de la Clínica Empresarial UCM, Dra. Carolina Rojas Aguilar, quien destacó el compromiso de la universidad con el desarrollo del territorio: “A través de iniciativas como la Escuela de Emprendimiento, hemos impulsado espacios de formación, acompañamiento y vinculación que no solo fortalecen capacidades técnicas, sino que también reconocen las particularidades y desafíos del ecosistema local”, señaló.
La académica agregó que este enfoque territorial “permite contribuir de manera concreta al crecimiento económico y social del Maule, articulando el conocimiento académico con las necesidades reales de la comunidad y posicionando a la universidad como un actor clave en la generación de oportunidades y desarrollo sostenible”.







