Cada vez que se publican los resultados del SIMCE, el debate suele quedarse en el titular: subimos o bajamos puntaje, pero hay un dato mucho más profundo que rara vez ocupa el centro de la conversación: los estándares de aprendizaje según grupo socioeconómico.
En la Región del Maule, en 2015 el 72% de los estudiantes de grupo socioeconómico alto alcanzaba el nivel de aprendizaje adecuado para su curso. En el grupo socioeconómico bajo, en cambio, solo el 2,5% lo lograba y cerca del 72% se ubicaba en nivel insuficiente.
Una década después, la realidad sigue siendo incómoda.
Según los resultados más recientes, cerca del 76% de los estudiantes de grupo socioeconómico alto alcanza el nivel adecuado, mientras que en el GSE bajo lo hace apenas alrededor del 7,8%.
¿Cuándo normalizamos que 1 de cada 13 estudiantes de GSE bajo tenga los conocimientos adecuados para su edad?
Si no ponemos el foco en esto, seguiremos discutiendo promedios que dan buenos titulares por unos días, pero que no cambian las trayectorias educativas de miles de estudiantes ni ayudan a disminuir la desigualdad en nuestro país.
Cerrar esta brecha no es tarea únicamente de una escuela ni de un gobierno. Las universidades, la sociedad civil, el sector público y el mundo privado tienen todos un rol que cumplir.
La evidencia internacional muestra que el único camino para reducir brechas es cuando existe una real colaboración entre estos actores en torno a un objetivo común: el aprendizaje. El verdadero éxito del sistema educativo no será cuando suban los promedios, sino cuando deje de ser posible predecir los aprendizajes de un estudiante solo mirando su origen socioeconómico.
Cristián Antúnez
Director de Enseña Chile Zona Centro Sur











