El aprendizaje no tiene fecha de vencimiento. Esa es la premisa detrás de la Universidad de la Experiencia, un programa impulsado por la Universidad del Alba junto a Caja Los Andes que busca acercar la vida universitaria a personas mayores, promoviendo formación continua, participación social y nuevas oportunidades de desarrollo personal.
Tras una primera versión en 2025, que registró a más de 448 personas que se inscribieron en el programa, y que ofreció trayectorias formativas en transición laboral, emprendimiento y liderazgo público, tanto en modalidad presencial como online, la casa de estudios anunció que ya existe una nueva convocatoria.
Las postulaciones comenzaron el 23 de febrero y estarán disponibles hasta el 3 de abril de 2026, o hasta cuando se completen los cupos disponibles. Los alumnos podrán recibir cursos gratuitos de Transición Laboral, Emprendimiento Laboral y Liderazgo Público con un alto nivel de aprendizaje académico en modalidad presencial u online. El semestre comienza el 13 de abril y existen 500 cupos disponibles.
“Hoy sabemos que el aprendizaje continuo no solo amplía oportunidades personales y sociales, sino que también tiene efectos positivos en la salud y el bienestar de las personas mayores. Programas como la Universidad de la Experiencia demuestran que nunca es tarde para volver a aprender y proyectar nuevas etapas en la vida”, explica Rafael Rosell Aiquel, rector de la Universidad del Alba.
Experiencias satisfactorias
Los resultados de la evaluación final del primer año de la Universidad de la Experiencia muestran su impacto: el programa obtuvo 73 puntos en el indicador Net Promoter Score (NPS), una métrica internacional que mide el nivel de recomendación de los participantes. En términos simples, la gran mayoría de quienes participaron no solo valoró positivamente el programa, sino que además lo recomendaría a otras personas.
Para muchos participantes, la Universidad de la Experiencia significó su primer acercamiento a la vida universitaria, mientras que para otros fue la oportunidad de retomar estudios que no pudieron realizar en su juventud.
En los testimonios recogidos al cierre del programa, varios describieron la experiencia como “un sueño cumplido”, destacando que el proceso no solo les permitió adquirir conocimientos, sino también recuperar confianza y proyectar nuevas etapas en su vida personal o laboral.
Un ejemplo de ello es Mario López, estudiante de 67 años, quien se decidió por el “programa presencial porque quería preocuparme de la interacción con otras personas y profesionales, lo que ha sido muy interesante. Al principio fue un poco extraño, pero de a poco se ha ido generando cierto vínculo”, según dice, resaltando que “ha sido una buena experiencia”.
Por su parte, Noemi Rojas, de 57 años y estudiante del primer programa de la Universidad de la Experiencia, comentó que “tener nuevas experiencias, ganar nuevos conocimientos y expandir los que ya tengo” siempre es una buena oportunidad.
Finalmente, Marisol Aavire, otra de las estudiantes, declaró que “soy una mujer indígena y esta oportunidad significa mucho para mí. La creación de la primera Universidad de la Experiencia me inspira profundamente, porque representa un espacio donde los sueños pueden crecer y transformarse en realidades. Con mi proyecto de emprendimiento, creo en el poder de aprender, compartir y construir un futuro mejor para mí, mi familia y mi comunidad”.
Un cerebro que no deja de aprender
La evidencia científica respalda este tipo de iniciativas. Diversos estudios en neurociencias han demostrado que el cerebro adulto mantiene una importante capacidad de adaptación y aprendizaje incluso en edades avanzadas.
“Al recuperar el rol de estudiante, los participantes acceden a un entorno que combate activamente el aislamiento y potencia su plasticidad neuronal, convirtiendo la educación en el mejor ‘seguro de vida’ para enfrentar el paso del tiempo. Mantenerse física, social y mentalmente activo a través de estos programas no es una simple alternativa de ocio, sino la fórmula maestra para edificar una vejez caracterizada por la autonomía y la plenitud absoluta”, explica María del Carmen Tejada, académica investigadora de la Facultad de Ciencias Sociales y Humanidades de la Universidad del Alba.
La participación en entornos intelectualmente estimulantes contribuye a fortalecer la llamada reserva cognitiva, un factor que puede ayudar a retrasar el deterioro cognitivo y mejorar la calidad de vida en la vejez.
Además, los espacios de aprendizaje y socialización ayudan a reducir el aislamiento y la soledad, factores que hoy se reconocen como riesgos relevantes para la salud mental de las personas mayores.
En ese contexto, programas como la Universidad de la Experiencia no solo representan una oportunidad educativa, sino también una herramienta para promover bienestar, participación y envejecimiento activo.
Claves de la Universidad de la Experiencia
- 448 personas inscritas en la primera versión
- 73 puntos de recomendación (NPS) entre participantes
- Trayectorias en transición laboral, emprendimiento y liderazgo público
- Modalidad presencial y online para ampliar el acceso
- Iniciativa impulsada por Universidad del Alba y Caja Los Andes







