El inicio del año escolar en Chile coincide con un aumento de virus respiratorios, especialmente en niños, lo que eleva la presión sobre el sistema de salud. El fenómeno responde a factores estacionales del otoño, la circulación de distintos virus y la alta interacción en salas de clases. Los casos suelen aumentar desde abril, tendencia que se agrava en ciudades como Santiago por la mala calidad del aire.
“El inicio del año escolar coincide con varios factores que favorecen la transmisión, especialmente la alta concentración de niños en espacios cerrados, donde la ventilación puede ser variable”, explica el académico de Enfermería de la Universidad Santo Tomás, Juan Alfredo Barahona.
El especialista agrega que en preescolares y primeros años de educación básica el sistema inmunológico aún está en desarrollo y que cada año ingresan niños que enfrentan por primera vez una exposición masiva a virus. “Tras las vacaciones disminuye la interacción sostenida, pero al volver a clases aumenta de forma abrupta el contacto estrecho entre estudiantes”, detalla Barahona.
Entre las enfermedades más frecuentes en este periodo figuran el resfriado común, la influenza, el virus respiratorio sincicial, faringitis virales, bronquitis, bronquiolitis -especialmente en menores de dos años- y COVID-19. Si bien la mayoría de estos cuadros son leves, pueden complicarse en niños pequeños o con enfermedades crónicas.
Barahona enfatiza que la asistencia escolar no debe definirse solo por la presencia de fiebre, sino por el estado general del niño. “No se debe asistir si ha presentado fiebre igual o superior a 38 grados en las últimas 24 horas, manifiesta decaimiento, dificultad respiratoria, tos persistente, vómitos o diarrea. Adicionalmente, se debe estar atentos a signos de urgencia médica como respiración agitada, coloración azulada en labios o uñas, somnolencia excesiva, rechazo a líquidos o convulsiones asociadas a fiebre”, aclara el académico.
Medidas clave de prevención
Por otro lado, la prevención es fundamental y “no requiere acciones complejas, sino constancia. Al llegar al hogar se debe lavar las manos y repetirlo constantemente, también cubrirse al toser o estornudar, no compartir utensilios, mantener al día la vacunación -especialmente contra la influenza- y no enviar a niños enfermos al colegio”, señala Juan Alfredo Barahona, académico de Enfermería de la Universidad Santo Tomás.
En establecimientos educacionales, es clave ventilar salas de clases, higienizar superficies de uso común y promover que estudiantes con síntomas permanezcan en casa. “El aumento de infecciones respiratorias en esta época es un fenómeno previsible, pero su impacto puede reducirse con medidas oportunas. En eso, la prevención, la vacunación y la detección temprana de síntomas son claves para evitar complicaciones y frenar la propagación en la comunidad escolar.







