En Chile, uno de los cambios más profundos en los hábitos alimentarios de las últimas décadas ocurrió lejos del plato. Fue en el vaso.
Mientras el país escaló rápidamente en los rankings de obesidad de la OCDE, especialistas advierten que un hábito básico se ha ido transformando silenciosamente en muchos hogares: el agua dejó de ser la bebida principal, siendo reemplazada por jugos, bebidas y productos saborizados.
El fenómeno ocurre en paralelo a un aumento sostenido de la obesidad. Según el último informe de salud de la OCDE, Chile pasó en una década de tener una de las tasas más bajas del organismo a ubicarse en el segundo lugar del ranking, con un 30,7% de la población adulta viviendo con obesidad. En 2013, la prevalencia era de 10,1%, mientras que el promedio de los países OCDE hoy alcanza el 19%.
Detrás de este salto aparecen factores conocidos, como el sedentarismo o el mayor consumo de alimentos ultraprocesados. Sin embargo, expertos advierten que también existe una transformación menos visible: la forma en que las personas se hidratan.
A esto se suma la fuerte presencia publicitaria de bebidas azucaradas, muchas veces dirigidas a niños y adolescentes mediante personajes llamativos y campañas que las posicionan como una opción cotidiana para la sed. En otros casos, incluso el diseño y los colores de estos productos han migrado hacia tonos asociados al agua, reforzando una sensación de pureza o bienestar.
“Existe una confusión bastante instalada: muchas personas creen que cualquier líquido hidrata de la misma manera”, explica Claudio Brinkmann, experto en tecnologías de hidratación y fundador de Maihue. “Pero en la práctica muchas bebidas funcionan más como un snack líquido que como una fuente real de hidratación. Porque pueden tener un sabor atractivo, pero la pregunta es si realmente están cumpliendo la función de hidratar”, agrega el experto.
Según Brinkmann, el problema no es el consumo ocasional de este tipo de productos, sino que se hayan incorporado como parte cotidiana de la dieta, incluso desde la infancia. “Parte del problema de la obesidad no solo está en lo que comemos, sino también en lo que bebemos. En Chile estamos tomando mucha azúcar cuando en realidad lo que el cuerpo necesita es agua. El agua cumple una función biológica: hidratar. En cambio, muchas bebidas están diseñadas para aportar sabor y azúcar. El problema es que culturalmente empezamos a usarlas para lo mismo”, señala.
Un cambio cultural que empieza en casa
Para los especialistas, recuperar el agua como la bebida habitual es un proceso que comienza en el entorno más cercano, que es sin duda el hogar. Los hábitos de hidratación, al igual que los alimentarios, se aprenden en la infancia y se refuerzan con lo que se vuelve cotidiano en la mesa familiar.
“Los niños aprenden observando. Si en la mesa siempre hay bebidas o jugos, eso es lo que se vuelve normal. En cambio, cuando el agua está disponible y visible, se transforma naturalmente en la opción principal”, explica Brinkmann.
Además de su impacto en la prevención de enfermedades asociadas a la obesidad, una hidratación adecuada también influye en aspectos cotidianos como la concentración, el descanso o el funcionamiento del metabolismo. “Muchas veces subestimamos el rol del agua en el bienestar diario. No solo se trata de evitar el consumo excesivo de azúcar, sino también de recuperar un hábito básico que el cuerpo necesita”, agrega.
Para el fundador de Maihue, parte de la solución también pasa por facilitar el acceso al agua de calidad en los espacios donde las personas pasan la mayor parte del día, como hogares, oficinas o colegios. “Los hábitos también se construyen desde la facilidad. Cuando el agua está cerca, fría y disponible, es mucho más probable que las personas la elijan”, afirma.
Cinco claves para recuperar el hábito de hidratarse con agua
En el contexto del Mes de la Obesidad, desde Maihue entregan algunas recomendaciones simples para promover hábitos de hidratación más saludables, especialmente en niños.
- Instalar el agua en la mesa familiar: Convertir el agua en la bebida principal durante las comidas ayuda a normalizar su consumo cotidiano.
- Reducir la frecuencia de bebidas azucaradas: Más que disminuir la cantidad, una estrategia efectiva es limitar su presencia diaria y reservarlas para ocasiones puntuales.
- Hacer que el agua esté disponible y visible: Cuando el agua no está disponible o no resulta atractiva al paladar, muchas personas optan por bebidas o jugos. En cambio, cuando el agua está fría, accesible y fácil de servir, su consumo aumenta naturalmente.
- Dar el ejemplo: Los hábitos se transmiten por imitación. Cuando los adultos priorizan el agua, los niños tienden a replicar ese comportamiento.
- Explicar la diferencia entre hidratarse y consumir azúcar líquida: Muchos niños creen que un jugo o una bebida cumple la misma función que el agua, pero en realidad se parecen más a una golosina líquida que a una bebida de hidratación.
“El agua fue históricamente la bebida natural de las familias. Recuperar ese hábito puede parecer algo simple, pero hoy es uno de los cambios más relevantes que podemos impulsar para mejorar la salud”, concluye Claudio Brinkmann.








