La variedad Kauke, resultado de años de investigación y mejoramiento genético del INIA, llegará a productores de todo el país gracias a la experiencia y capacidad técnica de Curimapu Semillas, lo que permitirá poner al alcance del sector una genética de alto rendimiento, de gran valor agronómico y excelente adaptación a distintas condiciones agroclimáticas en particular del secano mediterráneo de Chile.
Si hay algo que los agricultores del secano mediterráneo saben, es que las condiciones climáticas son cada vez más difíciles. Sequías prolongadas, escasez de agua y suelos desafiantes han llevado a la búsqueda de nuevas soluciones innovadoras.
La sequía está reduciendo considerablemente la producción de forraje, impactando directamente la productividad ganadera y la seguridad alimentaria. Se estima que el 60% de la producción de alfalfa nacional se concentra en zonas de alta vulnerabilidad climática, principalmente en los ambientes de la Zona Central y Centro-Sur, donde predomina el clima Mediterráneo.
Hace un década, un equipo de investigadores del Instituto de Investigaciones Agropecuarias (INIA) asumió un objetivo claro: desarrollar variedades de alfalfa adaptadas a enfrentar escenarios de cambio climático, con tolerancia a la escasez hídrica y alto potencial productivo.
Así nació Kauke, una alfalfa nacional pensada desde la raíz para el secano, que ofrece un 40% más de persistencia que otras alfalfas en condiciones de secano, 30% más de producción de forraje en ambientes con escasez hídrica y 7.000 kg de materia seca por hectárea asegurando alimentación de calidad para el ganado.
Para que esta innovación no quedara solo en los laboratorios sino que llegara a manos de los agricultores, INIA oficializó una alianza estratégica con Curimapu Semillas. Esta empresa actualmente es la responsable de la multiplicación, producción y comercialización de la semilla Kauke, facilitando el acceso de productores de todo el país a esta variedad con una genética de alto rendimiento y gran valor agronómico.
La variedad Kauke es el resultado de años de investigación y mejoramiento genético, durante los cuales el INIA ha trabajado en la introducción y caracterización de materiales, ajustando las recomendaciones de manejo para optimizar su desempeño en el secano mediterráneo.
Tradicionalmente, el desarrollo de nuevas variedades de alfalfa podía tardar hasta 15 años. Sin embargo, gracias a la selección genómica avanzada, se ha logrado reducir ese plazo en un 25%, acelerando la disponibilidad de materiales adaptados a los distintos sistemas productivos del país.
Dentro de las leguminosas forrajeras, la alfalfa destaca por su notable resistencia a condiciones de sequía, gracias a su sistema radical pivotante, capaz de explorar grandes profundidades en el suelo y enfrentar de mejor manera el estrés hídrico propio del secano mediterráneo chileno.
El investigador del INIA, Dr. Luis Inostroza, que lidera estos estudios, analiza el escenario actual del mercado de semillas forrajeras en Chile y destaca el rol estratégico de la alfalfa para hacer frente a la seguridad alimentaria.
Precisa el especialista que en Chile, más del 90% de las semillas forrajeras utilizadas en los sistemas ganaderos son importadas, lo que genera una fuerte dependencia del mercado internacional. “Hoy, la mayoría de las semillas de alfalfa que se utilizan en el país provienen de Estados Unidos, Australia, Nueva Zelandia y Europa”. Explica que el trébol rosado era una de las pocas especies producidas localmente y ampliamente empleada, especialmente en sistemas ganaderos del sur. Por otro lado, las leguminosas anuales, como trébol subterráneo, eran recursos ampliamente usados en el secano y su siembra era apoyada por el Programa de Recuperación de Suelos Degradados (SIRSD-S) que entrega bonificaciones estatales para actividades que recuperan suelos agropecuarios degradados. Sin embargo, en los últimos años su principal importador, Anasac, dejó de traerla al país por diversos factores, provocando una importante escasez y dejando en evidencia la vulnerabilidad de los sistemas ganaderos.
En este contexto, agrega que “el interés por las variedades desarrolladas por INIA, a través de una empresa nacional como Curimapu, con sólida experiencia en producción y comercialización local, constituye un hito significativo”, señala.
El Programa Nacional de Alfalfas de Secano (PAS) con la dirección del Dr. Inostroza y el respaldo de un equipo multidisciplinario, continúa desarrollando investigación para liberar variedades nacionales resistentes a la sequía, que puedan cultivarse desde la Región de Arica y Parinacota hacia el sur, tanto en riego como en secano.
Este esfuerzo científico es fundamental para reducir la dependencia de genética extranjera y posicionar la alfalfa como un cultivo estratégico para la seguridad alimentaria, especialmente en zonas donde la disponibilidad de forraje ha sido históricamente limitada.
Forman parte de esta línea de investigación los profesionales Soledad Espinoza, Camila Sáenz y Viviana Barahona además de universidades y técnicos de campo y laboratorio que aportan con su experiencia a estos desarrollos tecnológicos.
El INIA mantiene su compromiso de evaluar de manera rigurosa y objetiva el desempeño de estas nuevas variedades en condiciones locales tanto en el predio de los propios agricultores como a quienes visitan los ensayos que se siguen estableciendo en el Campo Experimental Santa Rosa de INIA Quilamapu, ubicado en Chillán, Región de Ñuble como los ensayos en el Centro Experimental Cauquenes INIA Raihuén, Región del Maule, bajo dos condiciones de disponibilidad de agua (riego y secano). Al mismo tiempo que se difunde esta información para que los productores puedan tomar decisiones fundamentadas. Este conocimiento se comparte mediante jornadas de extensión, talleres y publicaciones técnicas especializadas como el Manual para la producción de alfalfas de secano disponible en https://hdl.handle.net/20.500.14001/69307
Aquí, los productores interesados en esta tecnología tienen la oportunidad de observar el desempeño de este cultivo, que se presenta como una alternativa viable para la producción de forraje durante períodos de escasez hídrica.
La alianza entre INIA y Curimapu no solo multiplica semillas, sino que multiplica también las oportunidades de desarrollo ganadero sostenible ante el cambio climático. Con una investigación rigurosa, un equipo multidisciplinario y el aporte de técnicos y estudiantes, la alfalfa Kauke es un ejemplo de que la colaboración entre ciencia, empresa y el mundo ganadero es posible.