A partir del viernes 9 y hasta el lunes 12 de enero, un posible escenario de ola de calor predominará en la zona central de Chile, producto de altas presiones que producirán cielos despejados y extremos térmicos.
Así lo informó el académico y agroclimatólogo del Centro de Investigación y Transferencia en Riego y Agroclimatología (Citra) de la Universidad de Talca, Patricio González Colville, quien informó que “el desarrollo de una dorsal cálida, en niveles medios de la atmósfera, asociado a vientos cálidos de travesía, generarán las condiciones propicias para un fin de semana con temperaturas extremas muy cálidas, con impactos en las personas, en la agricultura y con riesgo de incendio forestales”.
Según los modelos del Citra, se estima -especialmente el domingo- la probabilidad de máximas entre 36 y 38 °C en sectores agrícolas de Santiago, como El Monte, Buin, Paine, Melipilla y Curacaví.
Para las regiones de O’Higgins, del Maule y de Ñuble, los valores más elevados se registrarían el sábado con temperaturas entre 36 a 37 °C en sectores urbanos y 38 °C en áreas agrícolas rurales. Para el domingo las máximas extremas deberían descender levemente a registros entre 36 a 37 °C.
Efecto agrícola
En cuanto al efecto que tendrá la agricultura, el experto proyectó que la persistencia del calor intenso durante las jornadas del sábado y domingo, incidirá en bajos niveles de humedad relativa del aire. “Con esta atmósfera de alta sequedad, se elevan los niveles de evapotranspiración, perdidas de agua desde el suelo y desde los cultivos, especialmente entre las 13:00 a las 19:00 horas”.
Esto incrementa los niveles de estrés hídrico en los cultivos, lo que obliga a regar con más frecuencia con el fin de evitar el estrés térmico en las plantas y evitar bajas de rendimiento en la calidad de las frutas, detalló González Colville.
Efectos en las personas y las ciudades
Otro aspecto para tener en consideración, puntualizó el agroclimatólogo, es la adaptabilidad de los hogares frente a este calor extremo. “Las ciudades generan ‘islas de calor’ producto de la baja arborización, la pavimentación, falta de césped, edificios que impiden los flujos de aire internos; además de la geografía de cuenca -en que se ubican muchas ciudades del valle central- impide que el calor se disipe durante la noche”.
“Lo anterior, probablemente, será una constante durante enero y febrero de 2026, lo cual debe hacer pensar sobre las políticas de adaptación respecto a la habitabilidad y confort bioclimático de nuestras ciudades, frente al calor diurno y nocturno. Las proyecciones de modelos probabilísticos internacionales han explicitado que 2024, 2025 y 2026 están siendo los años más cálidos registrados en el siglo XXI a nivel global”, subrayó.
Por último, Patricio González Colville, concluyó que “la preocupación sobre la salud humana y agricultura, frente al calentamiento global, nos pone en la disyuntiva de decisiones políticas respecto a si ya estamos llegando, como país, al límite de la adaptación y tolerancia frente a los extremos térmicos que se avecinan y que haremos en el corto plazo para mitigarlo y proteger a nuestra población”.







