A nivel mundial, cerca del 9,4% de la población vive con acné, y estudios estiman que hasta el 85% de las personas lo ha padecido durante la adolescencia. Sin embargo, en la última década los dermatólogos han observado un aumento sostenido del acné en mujeres adultas. De hecho, diversas investigaciones señalan que hasta el 40% de las mujeres puede presentar acné después de los 25 años, muchas veces asociado a fluctuaciones hormonales que afectan la producción de grasa en la piel.
A diferencia del acné adolescente, el acné hormonal femenino suele concentrarse en la parte inferior del rostro —especialmente en la mandíbula, el mentón y el cuello— y se caracteriza por lesiones inflamatorias profundas que tienden a aparecer de forma cíclica.
El origen de estos brotes está relacionado con la acción de los andrógenos, hormonas presentes tanto en hombres como en mujeres, que estimulan las glándulas sebáceas. En ciertas etapas de la vida femenina —como cambios en el ciclo menstrual, síndrome de ovario poliquístico, suspensión de anticonceptivos o periodos de alto estrés— estas hormonas pueden aumentar su actividad y provocar una mayor producción de sebo, favoreciendo la obstrucción de los poros y la inflamación cutánea.
“Muchas mujeres en la edad adulta comienzan a sufrir hipersensibilidad cutánea a la hormona de la testosterona, ya que ésta produce lo que se llama el síndrome de SAHA o hiperandrogenismo funcional. Algunos de los síntomas son aumento de grasa en la piel y cuero cabelludo; acné inflamatorio, generalmente persistente y resistente a tratamientos convencionales; crecimiento excesivo de vello terminal en áreas andrógeno-dependientes y pérdida de cabello de patrón femenino (alopecia androgénica)”, comenta el especialista de DermAcné.
El acné adulto: más que un problema estético
En mujeres adultas, el acné hormonal no solo puede ser persistente, sino también tener un impacto significativo en la calidad de vida. Las lesiones visibles en el rostro suelen generar frustración, afectar la autoestima y provocar inseguridad en entornos sociales o laborales.
A esto se suma que muchas mujeres no esperan seguir presentando acné en la adultez, lo que puede retrasar la consulta médica o llevarlas a utilizar tratamientos cosméticos que no abordan la causa hormonal del problema.
Desde el punto de vista dermatológico, el acné es considerado una enfermedad inflamatoria crónica de la piel, lo que significa que puede presentar periodos de brotes y remisión a lo largo del tiempo. Por esta razón, el Dr. Tabilo recomienda consultar a tiempo, ya que un tratamiento oportuno permite controlar la enfermedad, evitar cicatrices y mejorar el bienestar emocional de las pacientes.
En este contexto, desde Dermacné, clínica especializada en el tratamiento del acné y la rosácea, enfatizan que estas enfermedades afectan no solo la piel, sino también la salud emocional de quienes las padecen. Por ello, los especialistas destacan la importancia de un diagnóstico dermatológico adecuado y tratamientos personalizados que permitan controlar los brotes y mejorar la calidad de vida.







