Las recientes granizadas que afectaron a productores del Maule evidencian los desafíos que enfrenta la agricultura ante fenómenos climáticos cada vez más intensos. Frente a este escenario, investigaciones en Chile y el extranjero muestran cómo la biotecnología puede contribuir al desarrollo de tomates y otros cultivos más resistentes al frío, la sequía y la salinidad, ayudando a reducir las pérdidas y fortalecer la producción de alimentos.
La destrucción de invernaderos y los daños en las cosechas de tomates, pepinos y pimentones en sectores del Maule dejaron en evidencia la exposición de los productores agrícolas a fenómenos meteorológicos cada vez más severos. Ante este escenario, la investigación científica busca desarrollar nuevas alternativas para que los cultivos puedan adaptarse mejor a las condiciones ambientales y mantener su productividad, incluso frente a escenarios climáticos adversos.
Frente a este escenario, la innovación científica puede convertirse en una aliada. A través de herramientas como la biotecnología y el mejoramiento genético, investigadores están trabajando en el desarrollo de cultivos con características que les permitan responder mejor a condiciones ambientales adversas, como las bajas temperaturas, la escasez de agua y la salinidad de los suelos.
Según el Dr. Miguel Angel Sánchez, director ejecutivo de Chilebio “la biotecnología ofrece herramientas para conocer mejor la diversidad genética de las plantas y desarrollar variedades en menos tiempo y a menor costo que las estrategias tradicionales, que respondan mejor a condiciones como la sequía, las altas temperaturas, las heladas y algunas enfermedades que se vuelven más frecuentes bajo estrés climático”.
Asimismo, destaca que técnicas como la edición genética permiten, además, realizar ajustes específicos en los genes de las plantas que podrían contribuir a esos objetivos. “La elección de la herramienta depende del cultivo y de la característica que se busca mejorar”.
Uno de los ejemplos más recientes de estas posibilidades se encuentra en el cultivo del tomate. Una investigación difundida por ChileBio en agosto de 2026 mostró cómo, mediante herramientas de edición genética, fue posible mejorar la producción de frutos maduros bajo condiciones de frío invernal.
En los ensayos, las plantas modificadas alcanzaron diez veces el peso de frutos rojos maduros registrado en las plantas sin editar al momento de la cosecha. El resultado demuestra cómo la investigación científica puede ayudar a identificar y mejorar características de los cultivos que influyen directamente en su productividad cuando enfrentan condiciones ambientales desfavorables.
Este avance es especialmente relevante para una actividad agrícola que depende de condiciones climáticas adecuadas para mantener sus niveles de producción. La posibilidad de desarrollar variedades que toleren mejor determinadas temperaturas puede contribuir a reducir pérdidas y dar mayor estabilidad a las cosechas.
Otro antecedente corresponde a una investigación publicada en 2024, que identificó mecanismos genéticos asociados a la respuesta del tomate frente al frío. A través de la modificación de estos mecanismos, los investigadores lograron mejorar la tolerancia de las plantas a las bajas temperaturas, abriendo nuevas posibilidades para desarrollar variedades mejor adaptadas a condiciones ambientales adversas.
Pero el desafío no se limita a las bajas temperaturas. La sequía y la salinidad también representan amenazas importantes para la agricultura, especialmente en un país como Chile, donde la disponibilidad de agua y las condiciones de los suelos son factores determinantes para la producción.
En esta línea, investigadores de la Universidad de Chile han trabajado en el desarrollo de portainjertos de tomate y kiwi editados genéticamente para estudiar características relacionadas con una mayor tolerancia a la sequía y la salinidad. Se trata de una investigación que refleja cómo la ciencia desarrollada en el país puede contribuir a generar alternativas para enfrentar algunos de los principales desafíos ambientales del sector agrícola.
A esto se suma el desarrollo de nuevas herramientas de mejoramiento vegetal, que permiten identificar y trabajar sobre características específicas de las plantas con mayor precisión. Estas tecnologías amplían las posibilidades de obtener cultivos adaptados a las necesidades de cada territorio, considerando sus condiciones climáticas y productivas.
“El desafío es prepararnos para esa variabilidad. Eso requiere investigación y variedades adaptadas a las condiciones locales, junto con mejores pronósticos y alertas, gestión eficiente del agua, drenajes, seguros y asesoría oportuna, especialmente para la agricultura familiar campesina. La biotecnología puede aportar cultivos con mayor tolerancia a ciertos estreses. Medidas como las cubiertas, los sistemas antiheladas y la planificación de las fechas de siembra ayudan a protegerlos en el campo”, señala Sánchez.
Si bien estos avances representan oportunidades importantes, la biotecnología no constituye una solución inmediata frente a todos los fenómenos meteorológicos. En el caso de las granizadas que afectaron al Maule, por ejemplo, parte importante de los daños estuvo relacionada con el impacto físico sobre los cultivos y la destrucción de invernaderos, situaciones que requieren infraestructura adecuada y medidas de protección específicas.
Por eso, el desafío está en combinar distintas herramientas. La innovación genética puede contribuir a desarrollar cultivos con mayor tolerancia a determinados factores ambientales, mientras que la inversión en infraestructura, los sistemas de protección y una mejor planificación agrícola permiten reducir la exposición de los productores a estos eventos.
La emergencia que enfrenta el Maule deja así una reflexión que va más allá de las pérdidas inmediatas: preparar la agricultura para los desafíos climáticos del futuro requiere anticipación, investigación e innovación. En ese camino, la biotecnología puede ser una herramienta importante para fortalecer la capacidad de adaptación de los cultivos y contribuir a una producción de alimentos más preparada frente a las nuevas condiciones del clima.







