Las intensas lluvias registradas los últimos días, han dejado un importante número de viviendas inundadas. Pero, cuando comienza a retirarse el agua, suele instalarse la idea de que la emergencia terminó. Sin embargo, desde la perspectiva de salud pública, se inicia una segunda etapa muy relevante: la prevención de enfermedades y la vigilancia de posibles riesgos sanitarios.
El agua que ingresó a las viviendas puede mezclarse con residuos, excrementos de animales, combustibles, productos químicos y microorganismos. Por esta razón, un domicilio anegado debe considerarse, temporalmente, como un ambiente potencialmente contaminado.
La Organización Panamericana de la Salud advierte que, entre los problemas sanitarios habituales posteriores a inundaciones, se encuentran las enfermedades diarreicas agudas y otras infecciones asociadas al contacto con agua o barro contaminados. La OMS estima, además, que el agua microbiológicamente contaminada puede transmitir cólera, disentería y fiebre tifoidea.
Frente a este escenario, la primera medida de seguridad consiste en utilizar exclusivamente agua potable, embotellada o almacenada recipientes limpios. Cuando existan dudas respecto de su calidad, debe hervirse antes de que sea consumida.
Todo alimento que haya estado en contacto con la inundación debe eliminarse. Esto incluye frutas, verduras, pan, cereales, carnes, alimentos en envases abiertos, productos contenidos en cartón, bolsas o recipientes que no puedan desinfectarse completamente. También hay que desechar los insumos que hayan perdido la cadena de frío debido a cortes prolongados de energía.
El lavado frecuente de manos continúa siendo una de las medidas más efectivas. Hay que realizarlo con agua segura y jabón antes de preparar o consumir alimentos, después de ir al baño o manipular residuos.
Asimismo, la limpieza posterior también es importante, ya que el barro puede contener vidrios, sustancias químicas, microorganismos y restos biológicos. Por ello, quienes ingresen a una vivienda inundada deben utilizar botas de goma, guantes gruesos e impermeables, mascarilla, ropa de manga larga y protección ocular.
Cabe destacar que el barro debe retirarse mientras aún se encuentre húmedo, con el propósito de facilitar su eliminación y evitar la dispersión de polvo contaminado. Posteriormente, las paredes, pisos y superficies rígidas, lavarse con agua y detergente, y luego desinfectarlas con un producto químico autorizado. También es necesario drenar y eliminar el agua acumulada en patios, neumáticos, baldes y otros recipientes, y así evitar la reproducción de mosquitos, o la llegada de roedores.
Después de haber estado expuesta al agua o barro, una persona debe asistir a los servicios de salud si presenta diarrea intensa o persistente, vómitos, fiebre, deshidratación, coloración amarillenta de la piel, disminución de la orina, dolores musculares intensos, dolor de cabeza, enrojecimiento ocular, lesiones infectadas o dificultad respiratoria. La consulta debe ser especialmente oportuna en niños pequeños, personas mayores, embarazadas, pacientes inmunosuprimidos y quienes sufren enfermedades crónicas.
Proteger la salud durante este periodo implica actuar con precaución, utilizar agua segura, eliminar los alimentos contaminados, limpiar adecuadamente los espacios y consultar oportunamente ante la aparición de síntomas. Cada una de estas acciones, contribuye al bienestar de toda la comunidad.
Carola Montecino
Académica Escuela de Enfermería
Universidad de Las Américas







