Comenzó el segundo semestre de escolaridad en nuestro país y uno de los mayores desafíos es mantener y mejorar la asistencia a clases, y con ello, las oportunidades de aprender, considerando además que ha sido particularmente difícil recuperar los niveles de presencialidad en las aulas previos a la pandemia del Covid 19.
Esto lo saben bien en el Servicio Local de Educación Pública (SLEP) Maule Costa, en la Fundación Educacional Arauco y en el Centro de Investigación Avanzada en Educación (CIAE) de la Universidad de Chile, los que, a través de una alianza estratégica, están impulsando Desafío TEP, iniciativa que busca contribuir a las trayectorias escolares positivas de niños y jóvenes en la región y que el año pasado ya evidenció una importante mejoría en comunas como Constitución, Pelluhue y Chanco, llegando a un promedio de asistencia del 90%. Este año se sumaron a la experiencia los establecimientos de Cauquenes y Empedrado.
“Asistir a clases cada día, es esencial para desarrollar las oportunidades educativas que estamos buscando para todos los niños, niñas y jóvenes”, dijo Juan Pablo Valenzuela del CIAE, precisando que la evidencia demuestra que la presencialidad en el aula es fundamental para desarrollar habilidades socioemocionales y generar aprendizajes.
Asimismo -explicó- la asistencia a clases funciona como un mecanismo preventivo frente a factores de riesgo como la repitencia de curso. “Más aún, el repetir de curso es la variable más importante para la deserción educativa”, sostuvo.
Así también lo creen en la escuela Pedro Antonio Tejos de Empedrado. Tienen claro que el desafío más importante al volver a clases “será mantener la motivación y los avances logrados durante el primer semestre. Queremos que todos nuestros estudiantes regresen a clases con entusiasmo y continuar fortaleciendo el trabajo conjunto con las familias para asegurar una asistencia regular a clases”.
De mismo modo, en el liceo Bicentenario de Cauquenes, para el regreso de vacaciones, “el principal desafío radica en continuar con la efectividad de las prácticas instaladas dentro del primer semestre las que permitieron alcanzar las metas propuestas, mantener el compromiso e interés de toda la comunidad educativa en este proceso vinculando activamente a todos los agentes que trabajan día a día por mantener y subir los índices obtenidos hasta ahora y que sea una constante que permanezca a través de los años en nuestro establecimiento”.
BALANCE POSITIVO
Y es que al cabo del primer semestre de clases y del trabajo articulado entre los establecimientos y Desafío TEP, el balance es auspicioso. “Hoy estos esfuerzos comienzan a reflejarse en mejores niveles de asistencia y eso es una buena noticia porque sabemos que asistir a clases constituye una condición clave para el aprendizaje”, dijo Lorena Peñailillo, profesional de la Fundación Educacional Arauco.
“Los avances alcanzados muestran que el fortalecimiento de la asistencia escolar no depende únicamente de sumar estrategias, sino también de generar nuevas formas de trabajar juntos. Y cuando eso comienza a ocurrir, los resultados empiezan a transformarse en capacidades que permanecen”, agregó.
Hay procesos que muestran resultados y otros que permiten reconocer transformaciones más profundas. “Lo que hemos visto en el territorio del SLEP Maule Costa en torno a la promoción y aumento de la asistencia escolar da cuenta de ambas cosas: avances en resultados y, al mismo tiempo, el desarrollo de capacidades colectivas para enfrentar desafíos educativos de manera conjunta”, destacó.
TRABAJO ENTRE TODOS
Uno de los aspectos más valiosos ha sido la conformación de equipos líderes multidisciplinarios en escuelas y liceos, que han logrado articularse en torno a un foco compartido y comprender que promover la asistencia requiere una mirada amplia y sostenida sobre las trayectorias educativas de niños, niñas y jóvenes.
Destaca especialmente la capacidad desarrollada para reflexionar a partir de datos de asistencia y transformar esa evidencia en decisiones concretas. A partir de este proceso, los establecimientos han diseñado estrategias junto a docentes y familias para fortalecer vínculos, acompañar trayectorias y mantener a los estudiantes en el centro.
Este trabajo no solo ha ocurrido al interior de cada establecimiento. El trabajo interescuelas y la construcción de microrredes han permitido compartir prácticas, fortalecer capacidades y construir respuestas colectivas frente a desafíos comunes, enriqueciendo las decisiones tomadas en cada comunidad educativa y fortaleciendo una forma de trabajo basada en el aprendizaje conjunto.







