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Home Política

Lea el texto completo de la primera cuenta del Presidente José Antonio Kast

por Redacción El Maule Informa
01/06/2026
en Destacados, Política
Lea el texto completo de la primera cuenta del Presidente José Antonio Kast
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El Presidente José Antonio Kast Rist realizó este 1 de junio su primera cuenta pública ante el Congreso Pleno y las más altas autoridades del país.

En alocución el Mandatario enfatizó que “la emergencia no es el lugar donde Chile se queda. Es el lugar desde donde Chile se levanta. Y Chile, hoy, se está levantando. Gracias por la confianza. Gracias por el esfuerzo. Gracias por no dejar de creer, ni por un instante, en nuestro maravilloso país. Que Dios bendiga a sus familias. Que Dios bendiga nuestro trabajo. Y que Dios bendiga a Chile”.



Ex texto completo es el siguiente:

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    Señora Presidenta del Senado, Señora Presidenta de la Corte Suprema, Señor Presidente de la Cámara de Diputados,

    Señor ex Presidente, Eduardo Frei, Ministros de Estado, Señora Contralora General de la República, Señora Presidenta del Tribunal Constitucional, Señor Fiscal Nacional, Señora Presidenta del Banco Central, Comandantes en Jefe de las Fuerzas Armadas,General y Directores de las Policías y Gendarmería,Señores integrantes del Cuerpo Diplomático,

    Presidenta del Consejo para la Transparencia, Autoridades civiles y eclesiásticas, y muy especialmente a los Honorables Senadores y Diputados.

    Reconocer y saludar, a las autoridades de nuestra nación, es el primer paso,
    para fortalecer nuestra institucionalidad. Por eso, también,
    he asistido, a casi todas las cuentas públicas de esas instituciones, porque Chile no lo construye una persona, Chile lo construimos todos, cada una de las autoridades que están presentes, así que un gran aplauso para todos ellos.

    Queridos compatriotas, que nos siguen desde Arica y Parinacota hasta Magallanes,
    desde el Chile insular hasta el Territorio Antártico.

    Muy buenas tardes!!!

    Hace cerca de cinco meses, más de siete millones de ciudadanos depositaron su confianza en nuestro proyecto de gobierno. El 11 de marzo, esa confianza,
    se transformó en el mandato más importante y exigente que se le puede conferir a una persona que ama su país.

    La Presidencia de la República, se convirtió en mi máxima responsabilidad. Y represento, asimismo, a cada uno de los 22 ministros, subsecretarios, y equipos de gobierno, a nivel nacional.

    Hoy me presento ante este Honorable Congreso, y ante el pueblo de Chile,
    para cumplir con esa responsabilidad. Vengo a rendir cuenta.

    Vengo a exponer en qué estado encontramos nuestro país, lo realizado en estos primeros meses, y, sobre todo, hacia dónde vamos.

    Tengo una esperanza enorme en Chile.

    No una esperanza ingenua o simbólica, sino la esperanza del que, conociendo los problemas que existen, los enfrenta y está convencido de que nuestro país
    tiene todo lo que necesita para volver a ponerse de pie.

    Esa esperanza
    no se inventa desde un escritorio.

    Es lo que he visto en estos 82 días, y en la última década, recorriendo Chile.

    La veo en las mujeres y hombres que madrugan para sacar adelante su negocio, que emprenden con gran esfuerzo, que trabajan con tesón y, no solo porque tienen grandes talentos que poner a disposición, sino porque sueñan con un futuro próspero para ofrecerle a sus hijos.

    Porque la esperanza de Chile está en su gente. Y nuestro Gobierno está para ponerse al servicio de todas las personas.

    Durante años, la práctica política nos acostumbró a discursos grandilocuentes y promesas vacías. A anuncios que sonaban muy bien, pero terminaban en poco o nada.

    Los chilenos están cansados de eso. Y tienen toda la razón.

    Por eso, quiero actuar con responsabilidad, y decirles siempre la verdad,
    aun cuando esa verdad pueda resultar incómoda o impopular.

    Ejercer el gobierno es hacerse cargo de la realidad, especialmente cuando es difícil.

    Cuando asumimos, dijimos que Chile vivía una emergencia. Pero la emergencia no es el lugar donde Chile se queda.

    La emergencia, es el lugar desde donde Chile se levanta.

    No queremos paralizarnos en la emergencia ni atemorizar a la población. Queremos evidenciar la realidad difícil que enfrentamos para salir JUNTOS de ella.

    Necesitamos volver a CRECER. Necesitamos restablecer la confianza para volver a creer y para atrevernos, a soñar con un futuro prometedor. La realidad que encontramos al asumir el Gobierno fue más compleja de lo que habíamos imaginado.

    Por años, se nos quiso convencer de que un Estado más grande, era, automáticamente, un mejor Estado. De que cada urgencia se resolvía con más estructuras, más burocracia y más gasto.

    La experiencia demostró lo contrario. El Estado creció, pero perdió eficacia.
    Llegaba tarde frente al crimen. No protegía las fronteras. Acumulaba trámites mientras las urgencias sociales crecían.

    Se gastaban muchos recursos fiscales sin un control estricto, y muchas veces
    con poco o nulo impacto en la vida de las personas. Los últimos años, Chile ha navegado entre la administración de los problemas, la gestión del caos y la resignación de la ciudadanía ante lo que vive con impotencia.

    Aun cuando hoy enfrentamos una crisis acumulada, que se expresa en una emergencia de seguridad, una emergencia económica y una emergencia social,
    podemos admirarnos al ver que Chile resiste.

    Porque Chile ha resistido. Hemos sido tierra de terremotos, de catástrofes, de divisiones políticas, de crisis económicas y de momentos de enorme incertidumbre.

    Sin embargo, generación tras generación, los chilenos hemos sabido reconstruir el país. Lo hemos hecho siempre apoyándonos entre nosotros.

    Nos hemos levantado sobre los mismos principios permanentes: el sentido del deber, el respeto por las instituciones y el amor por la patria y por la familia.

    Porque tenemos la convicción profunda de que el esfuerzo común conduce a una vida mejor. Porque sabemos que juntos, somos mejores.

    Gracias a esa tradición, Chile se transformó, en una de las naciones más estables y prósperas de América Latina. No porque hayamos sido un país perfecto, sino porque existía un rumbo compartido y una conciencia clara, de que el progreso de Chile exige libertad, responsabilidad y sentido de futuro. Porque cuando un país ofrece orden, oportunidades, estabilidad y confianza, as fuerzas creativas de la nación se despliegan. Sin orden, no hay libertad.

    Sin seguridad no hay vida tranquila para las familias. Y sin instituciones sólidas y responsables, no hay democracia estable. Estas son las ideas que hicieron grande a Chile, y que nunca debimos abandonar.

    Porque conocemos nuestra historia, sabemos cuánto hemos retrocedido
    en los últimos años. Pero, más importante aún, porque conocemos nuestra historia, sabemos que Chile siempre puede volver a levantarse !!!!

    Nuestro Gobierno ha definido un itinerario claro de tres ejes que avanzan de manera coordinada. Primero, recuperar el orden y fortalecer la seguridad. Segundo,
    impulsar la reconstrucción del país y de nuestra institucionalidad. Tercero, reactivar nuestra economía y generar miles de empleos.

    Nuestro camino, está guiado por principios que no son consignas, sino Convicciones. Libertad, porque las sociedades prosperan cuando se favorece la libre iniciativa de las personas.

    EL AMOR POR LA VIDA Y LA FAMILIA, porque es en la familia donde se cultivan el respeto, la justicia, la empatía y la generosidad.

    EL VALOR DEL ESFUERZO Y DEL MÉRITO porque el progreso de Chile se construye con el trabajo y el compromiso de cada uno de nosotros.

    UNA ECONOMÍA LIBRE Y ABIERTA AL MUNDO, porque es la mejor herramienta
    que conoce la humanidad para superar la pobreza.

    Y UN ESTADO QUE HACE VALER EL IMPERIO DE LA LEY, garantizando el orden
    y trabajando unido con la sociedad civil en la búsqueda del BIEN COMÚN.

    Honorables miembros del Congreso Nacional. La reconstrucción de Chile no es tarea de un hombre, ni de un Gobierno. ES UNA TAREA DE TODOS.

    Lo es, también, de cada uno de ustedes. Hoy resuenan las voces de Diego Portales, Andrés Bello, Manuel Montt, o de Arturo Alessandri. Fueron líderes que también vivieron tiempos difíciles, enfrentaron crisis y divisiones,y que, a pesar de todo, no le fallaron a Chile.Hoy nos toca a todos nosotros.

    Y la pregunta que la historia le hará a esta generación es muy simple:
    ¿estuvimos a la altura? Después de años de frustración y deterioro, los chilenos nos han dado una tremenda oportunidad de la cual nos sentimos profundamente responsables.

    Queremos demostrar que la política SI PUEDE Y DEBE estar profundamente
    CONECTADA con la vida de las personas.

    Como Gobierno tenemos esa vocación, pero necesitamos el apoyo de la ciudadanía para alcanzar el tan anhelado BIEN COMÚN.

    Por ello, esta tarde, quiero hacer un llamado a todas las fuerzas políticas representadas en este Congreso. Los chilenos nos eligieron para encontrar soluciones a los problemas que los aquejan y no hay tiempo que perder.

    Juntos podemos transformar este Congreso en un puente para los acuerdos que Chile necesita. Juntos podemos recuperar el orden que las familias reclaman con urgencia.

    Juntos podemos volver a crecer y a crear empleos que tanto se necesitan. Juntos podemos decirle a cada chileno que su esfuerzo y sacrificio tiene sentido.

    Y TODOS JUNTOS, podemos demostrarle al país que la política sirve
    para mejorarle la vida a las personas. Porque es ese, y no otro, el principal objetivo de nuestro gobierno. Que al terminar nuestro mandato, los chilenos vivan mejor, estén más seguros y tengan más oportunidades.

    No les pido que piensen igual que el Gobierno. La crítica es legítima
    y el debate fortalece la democracia. Lo que les pido es algo más simple y urgente.

    Que en las grandes causas de Chile como la seguridad, el empleo, la educación, la salud y la vivienda, entre otras, pongamos al país por delante.

    Mantengamos la UNIDAD en lo ESENCIAL y no nos perdamos en debates superficiales o descalificaciones personales.Los chilenos sabrán reconocer
    y agradecer a quienes estuvimos a la altura de ese desafío.

    Tengo plena confianza en que sabremos estarlo. Porque cuando las instituciones funcionan, las naciones se superan.

    Y Chile, clama hoy por superarse!

    En esta cuenta, no alcanzaremos a abordar todos los avances, logros y desafíos
    que hemos enfrentado en estos 82 días. Pero si hablaremos de los prioritarios,
    los que le quitan el sueño a millones de chilenos.

    Comienzo por SEGURIDAD. Según las cifras preliminares, hasta el 31 de mayo,
    Chile registró 378 víctimas de homicidio. El año pasado, en el mismo periodo,
    habían sido 444.Son cifras, aún muy altas, porque la seguridad no es algo que cambie de un día para otro.

    Pero las cifras muestran, que se empiezan a consolidar mejores resultados. Se nos decía que la inseguridad era apenas una sensación. No lo es.

    Detrás de cada cifra hay una persona, una familia, una comunidad que se ve vulnerada. La inseguridad, por mucho tiempo, nos ha robado la libertad.

    Hoy, paso a paso, el Estado vuelve a entrar con fuerza en todo el territorio nacional.

    En las fronteras, excavamos zanjas, desplegamos drones, fortalecimos el monitoreo fronterizo y avanzamos en acuerdos con nuestros vecinos para combatir el crimen transnacional, como el encuentro que lideró Cancillería y el Ministerio de Seguridad
    la semana pasada en Santiago, junto a varios países de la región.
    En las carreteras, implementamos el Plan Escudo en Ruta, con control vehicular permanente y teleprotección con inteligencia artificial.

    En los barrios, va aumentando la presencia policial y estamos reforzando la seguridad en el transporte público. En los puertos, se están implementando medidas para mejorar la trazabilidad de carga y control tecnológico de contenedores.

    Hemos ingresado a los terrenos tomados como Cerro Chuño, El Boro, Cartagena o la Chimba, y vienen más. Los vamos a ir recuperando e impidiendo que vuelvan a ser ocupados.

    En las próximas semanas, se desplegará el Plan de Intervención Barrial Intensivo, que articulará las capacidades del Estado en 50 barrios críticos.

    En cada uno de ellos habrá copamiento policial dirigido, patrullaje preventivo y operativos focalizados contra mercados ilícitos y organizaciones criminales.

    Se avanza con medidas como, integración de cámaras de televigilancia, postes inteligentes, pórticos lectores de patentes y salas de monitoreo modernizadas.

    La seguridad no se decreta en un papel, se construye barrio por barrio, calle por calle, con presencia, tecnología y resultados medibles.

    Adicionalmente, crearemos siete Fuerzas de Tarea que,bajo el liderazgo
    del Ministerio de Seguridad Pública, buscarán unir las capacidades
    hoy dispersas de las policías, del Ministerio Público, Gendarmería
    y servicios fiscalizadores.

    Cada una golpeará una amenaza precisa: Fronteras y puertos. Secuestro y sicariato. Ciberdelito. Crimen organizado. Mercados ilícitos. Finanzas criminales
    y la Violencia en la Macrozona Sur. Todo con metas mensuales y encargados que rindan cuenta.

    Queremos dejar atrás la respuesta fragmentada y pasar a la ofensiva coordinada
    y permanente, que persigue a las bandas en su liderazgo, integración, territorio y dinero.

    Asimismo,a partir de mañana, desplegaremos una amplia
    agenda legislativa y medidas administrativas, que resulta del aporte de parlamentarios, gobernadores, alcaldes, expertos; acogiendo,
    asimismo, lo planteado en distintas cuentas públicas, de la Corte Suprema, Tribunal Constitucional, Consejo de Defensa del Estado, Ministerio Público, Consejo para la Transparencia, entre otros.

    Ello, para que, en conjunto, dotemos a las policías y autoridades, de todas las herramientas necesarias para combatir el crimen organizado y la corrupción. Entre las medidas, presentar la urgencia para aumentar el plazo de flagrancia
    de 12 a 24 horas y reforzar las facultades autónomas de nuestras policías; fortalecer el control migratorio y la capacidad de expulsión efectiva, ampliar los plazos de retención; también pondremos urgencia al proyecto que sanciona a los encapuchados; y declararemos una guerra total al crimen organizado, planteando ampliar drásticamente las penas por asociación delictiva y criminal.

    Pero no basta con combatir el crimen organizado y la delincuencia, sino también, proteger a nuestros vecinos de aquellas conductas que van horadando nuestros barrios, que dañan nuestro patrimonio histórico y cultural, que alteran la tranquilidad de las familias y deterioran la infraestructura pública.

    Es por esto, que en los próximos días ingresaremos un proyecto de ley
    para crear el Registro de Vándalos e Incivilidades.

    Este registro, permitirá que quienes hayan cometido delitos como atentar contra carabineros, el personal de los servicios de salud, la retención del transporte público, el tráfico de estupefacientes, el daño a monumentos nacionales,
    entre otros, respondan por sus hechos.

    Quienes cometanalgunas de estas conductas, perderán beneficios sociales como la gratuidad en la educación, la pensión garantizada universal, o el subsidio de arriendo.

    De la misma manera, hay conductas que no son constitutivas de delito,
    pero las tipificaremos como incivilidades, tales como la venta ilegal de alcohol,
    el consumo de drogas en la vía pública, los rayados sin autorización a la propiedad pública y privada, o la destrucción de equipamiento comunitario.

    Estas conductas, también darán lugar a la pérdida de los beneficios sociales. Los chilenos claman por más fuerzas policiales, pero debemos recordar que Carabineros fue víctima de una campaña de desprestigio que, en cinco años,
    causó el retiro de más de 4.500 funcionarios. Ser Carabinero ya es una tarea difícil.

    Sin respaldo político, es más arduo aún. Y sin apoyo ciudadano, resulta prácticamente imposible. Cuando un Carabinero, un detective o un gendarme,
    cumpliendo su deber, hace uso de la fuerza legítima, este Gobierno lo respalda
    y lo respaldará siempre. Pensemos por un momento en lo que ellos hacen.

    Mientras una ciudad entera duerme,unos pocos miles velan por el sueño tranquilo de millones.

    Y ese reconocimiento, que durante años se les negó, este Gobierno se los devuelve, con todas sus letras y sin ninguna ambigüedad.

    Quiero honrar especialmente a los mártires de Carabineros de Chile, de la Policía de Investigaciones y de Gendarmería de Chile.

    Ese sacrificio no puede ser en vano, Debe cobrar un sentido profundo, haciendo de Chile un país más seguro. A las familias de los caídos en actos de servicio, les reiteramos el compromiso: no los vamos a dejar solos, los vamos a acompañar,
    a ustedes y a sus hijos,

    A los jóvenes, que sueñan con servir a la Patria vistiendo el uniforme verde, les decimos que los estamos esperando, con mejores condiciones, mejor formación y una carrera a la altura de esa vocación de servicio.

    En las próximas semanas, ingresaremos un proyecto de ley, para mejorar las condiciones y estipendios de los alumnos Carabineros, y asimismo, propondremos incorporar una asignación trimestral, que mejore las remuneraciones
    de nuestros policías, desplegados en barrios y calles de nuestras ciudades.

    También, agradecemos, la labor de las Fuerzas Militares, Ejército, Armada y Fuerza Aérea, desplegadas a lo largo de todo el país, pero especialmente, en las macrozonas norte y sur.

    Nuestra meta no es solo bajar la percepción de inseguridad.Queremos que Chile vuelva a ser, el país más seguro de Latinoamérica.

    En la macrozona sur, en Arauco y la Araucanía, en menos de 80 días desplegamos operativos en zonas que se creían vedadas. Un especial reconocimiento, al Ejército y a la Armada por el rol fundamental que han cumplido en estos años. La Araucanía no será más refugio de terroristas ni de prófugos de la justicia.

    A quien quema, roba o asesina, le caerá todo el peso de la ley.

    La Araucanía es una de las regiones más hermosas y con más futuro de Chile. Su gente, merece vivir en paz, trabajar tranquila y ver florecer su tierra. En esta región,
    como en todo Chile, necesitamos que aumente el turismo, regrese la inversión y recuperemos el desarrollo. Para lograrlo, estas medidas
    se acompañan con el diseño de una política indígena coherente que hemos estado trabajando.

    La política de tierras impulsada hasta la fecha
    ha demostrado ser ineficiente y desconectada de las necesidades reales
    de las comunidades. Impulsaremos una reforma
    a la Ley Indígena que otorgue mayores libertades y herramientas para el desarrollo.

    Eliminando las restricciones al uso de sus tierras
    y permitiéndoles arrendarlas e hipotecarlas en igualdad de condiciones
    con el resto de la ciudadanía chilena.

    Para ello reformularemos el proceso de consulta sobre el nuevo sistema de tierras, que el gobierno anterior abandonó sin resultados.

    Garantizaremos que el proceso sea legítimo y libre de interferencias de quienes promueven la violencia o actúan de mala fe.

    Adicionalmente ordenaremos el actual sistema de compra de tierras,
    instaurando tasaciones transparentes a valor de mercado y trazabilidad real en cada compra.

    Para dar certeza y estabilidad a las familias que viven en comunidad, avanzaremos
    en el otorgamiento de derechos de uso y goce individuales
    sobre las tierras entregadas, permitiéndoles postular a subsidios habitacionales.

    En otra dimensión de la seguridad, estamos recuperando el control de nuestras cárceles. Para ello, primero, tenemos que fortalecer a Gendarmería de Chile.

    Gracias a una ley aprobada transversalmente en el Congreso, la institución ha comenzado su transición para depender del Ministerio de Seguridad
    y su transformación en un cuerpo armado de excelencia.

    No es posible que nuestras cárceles sigan funcionando como escuelas del delito, ni que los jefes del crimen organizado continúen operando sus bandas desde el interior de un penal, dando órdenes por teléfono como si los muros no existieran.

    En los próximos días y a lo largo de todo el país,
    comenzará el proceso de fortalecimiento de los regímenes de máxima seguridad.

    Recuperaremos el control efectivo de los penales, con tecnología de punta,
    control riguroso de accesos, comunicaciones, y la separación real de los internos según su nivel de compromiso delictual.

    Asimismo, pondremos en marcha el Plan de Infraestructura Penitenciaria,
    proyectado hasta 2030 que es la mayor modernización del sistema carcelario
    en más de 30 años.

    Este plan, permitirá incorporar inicialmente más de 20 mil nuevas plazas a lo largo de todo Chile, disminuyendo el hacinamiento.

    Construir cárceles modernas, seguras y suficientes no es un gasto, es una inversión
    en la seguridad de todos los chilenos. Pero una cárcel que solo encierra y no se ocupa de la rehabilitación,  termina devolviendo a la calle a delincuentes más peligrosos que cuando entraron.

    Este nuevo modelo penitenciario combina máxima seguridad con programas reales de reinserción, que incluyen educación, capacitación laboral, tratamiento de adicciones e intervención especializada, en una alianza entre el Estado y el mundo privado.

    Como hemos señalado, la seguridad se construye con control firme para los que delinquen, y con una oportunidad de cambio para quienes quieren reencontrarse
    con una vida honesta.

    En materia fronteriza, durante años, la frontera norte estuvo desprotegida. No solo de la inmigración ilegal, sino del narcotráfico, del contrabando y del crimen organizado.

    Desde el primer día pusimos en marcha nuestras iniciativas de control de fronteras, instruyendo a las Fuerzas Armadas y de orden, el despliegue en el norte, la implementación de vigilancia, la construcción de zanjas en pasos clandestinos.
    La coordinación conjunta de las acciones para enfrentar al crimen organizado transnacional y la inmigración ilegal es fundamental. Quiero destacar, especialmente, el rol que ha cumplido el Ejército en este despliegue.

    Desde el 11 de marzo han aumentado tanto las expulsiones como las salidas voluntarias, y se ha reducido, también, el ingreso de inmigrantes ilegales por pasos no habilitados.

    Lo dijimos en campaña y hoy lo volvemos a reiterar: quienes entraron por la ventana, de manera clandestina e ilegal, más pronto que tarde, van a tener que abandonar el país.

    Para acelerar esta salida, en los próximos días, presentaremos el Plan Retorno, que busca incentivar la salida de inmigrantes ilegales que se encuentran en Chile, y desincentivar su permanencia en el país.

    Lo haremos sin perder de vista la dimensión humana de este drama. Porque entendemos que detrás de la migración irregular hay también familias engañadas, niños usados como pasaporte y personas explotadas por el crimen organizado transnacional. Una frontera ordenada protege a los chilenos, pero también resguarda a quienes han sido víctimas de las mafias. Ordenar, también, es un compromiso humanitario.

    Estimados compatriotas: Otra dimensión de la emergencia es la crisis económica y fiscal que enfrentamos. Cuando asumimos, aventuramos que la situación era difícil. Dos meses después, hemos constatado que el estado económico de la nación es incluso más complejo de lo que se podía prever. Los últimos indicadores de crecimiento y desempleo son muy negativos. Representan el punto de partida de nuestra administración y nos obligan a reaccionar con urgencia para impulsar la reactivación del país.

    La situación fiscal no es mucho mejor. El primer Informe de Finanzas Públicas de nuestra administración lo ha evidenciado con claridad. El año 2025 cerró con un déficit estructural de 3,7% del Producto Interno Bruto. Esto es, más del doble del déficit del 1,6% que se había comprometido.

    Eso no es un tecnicismo contable. Es la diferencia entre un país que vive dentro de sus posibilidades y uno que gasta sistemáticamente más de lo que tiene.
    Y el problema no fue solo gastar de más, sino prometer ingresos que nunca llegaron. Los ingresos del Estado en 2025 terminaron casi dos puntos del PIB por debajo de lo presupuestado, producto de una recaudación que se proyectó con un optimismo que no se ajustó a la realidad.

    A eso se sumaron presiones de gasto que no estaban debidamente reconocidas, e inconsistencias en las proyecciones de la deuda pública. Esto es lo que con toda responsabilidad llamamos una emergencia económica. No para alarmar, sino para actuar.

    Porque cada peso que el Estado destina a pagar intereses de una deuda mal administrada es un peso que no llega a seguridad, a salud, a educación, a las pensiones ni a las familias que más lo necesitan.

    La irresponsabilidad fiscal no es una abstracción de los economistas. La pagan, tarde o temprano, los mismos chilenos a quienes el Estado dice querer proteger.
    Heredamos un país con las cuentas desordenadas, y nuestra obligación no es quejarnos, sino ordenarlas.

    Por eso, nuestro Gobierno tomó decisiones desde el primer día. Ya hemos implementado medidas de contención y eficiencia del gasto por más de 1,3 billones de pesos, que permiten que la situación no empeore aún más.
    Estamos cumpliendo con nuestro compromiso de campaña de hacer un ajuste fiscal profundo, sin tocar los beneficios sociales.

    Tampoco dejaremos de priorizar la indispensable inversión en seguridad.
    El sentido de responsabilidad nos obliga a pensar en las próximas generaciones, tomando acciones objetivas y medibles que enmienden el rumbo y nos permitan recuperar el equilibrio en las finanzas públicas.
    Habrá presiones, habrá ruido, habrá días duros. Nuestro Gobierno no se va a desviar del camino.

    Ante el dilema entre la popularidad y la responsabilidad, elegimos siempre la responsabilidad. Porque la popularidad pasa, pero las consecuencias de gobernar mal las pagan, durante años, las familias chilenas.

    No será rápido ni sin dolor, y no les voy a prometer milagros. Pero sí les prometo que vamos a recuperar el orden de las cuentas públicas, vamos a devolverle credibilidad a las cifras fiscales de Chile y vamos a poner el crecimiento económico en el centro, porque un país que vuelve a crecer es un país que tendrá los recursos para cuidar a su gente y generar más y mejor empleo.

    Hace poco más de una década, Chile crecía por sobre el 5% y creaba miles de empleos. Ese Chile se estancó. El estancamiento no hace ruido, no sale en los titulares, no tiene el dramatismo de una catástrofe. Pero destruye. Son más de 940 mil personas las que buscan trabajo y no lo encuentran.

    Es una de cada cuatro personas que trabaja en la informalidad, sin contrato y sin una red que la sostenga. Es una mujer joven que postula a 20 trabajos y no recibe una sola respuesta. Son 40 meses seguidos con el desempleo sobre el 8%.
    Esa es la “herencia” que más duele, porque no solo se mide en planillas, sino que se mide en angustia, en sobremesas calladas y en noches sin dormir.
    Porque el crecimiento, a diferencia de lo que afirman algunos, sí importa.
    Importa porque le da a las familias la oportunidad de salir adelante.

    Importa porque le permite al Estado recaudar y entregar mejores beneficios sociales.
    Importa porque hay miles de PYMES y emprendedores que están esperando más progreso para desarrollarse.
    Importa porque el crecimiento explicó el 70% de la superación de la pobreza en nuestro país.
    El expresidente Jorge Alessandri lo dijo con una claridad que el tiempo no ha modificado:
    «Sin una economía próspera, resultará vana la más avanzada legislación social».
    No se puede salir de la pobreza sin generar riqueza. Esa es la ley más simple, y la más olvidada.

    Y hay un dato que golpea especialmente: el desempleo de las mujeres llega al 10,5%, y el de las mujeres jóvenes está por sobre el 25%.
    Ningún país puede darse el lujo de dejar fuera a la mitad de su talento.
    El expresidente Sebastián Piñera lo resumió en una frase que vale la pena recordar:
    «No hay mejor política social que el pleno empleo». Tenía razón.
    Un empleo no es solo un sueldo. Un empleo es dignidad.

    Es la posibilidad de mirar a los hijos a los ojos y decirles que en esta casa tendremos lo necesario. Es la base sobre la que una familia construye su futuro.
    Devolverle el empleo a Chile no es una meta económica, es un objetivo profundamente humano.
    El empleo se crea cuando un país vuelve a crecer, cuando vuelve a haber confianza, cuando emprender deja de ser un castigo y vuelve a ser una oportunidad.
    El Proyecto de Reconstrucción Nacional y Desarrollo Económico y Social que hemos presentado a este Honorable Congreso ataca directamente las causas de esta triple emergencia: económica, laboral y fiscal.
    Es una respuesta concreta a una urgencia real.
    Una urgencia que nos plantean, día a día, miles de ciudadanos y miles de PYMES en nuestros recorridos por Chile.
    Una urgencia que, estoy seguro, también es planteada por miles de chilenos a los parlamentarios en sus distritos y regiones.
    Aprobar el Proyecto de Reconstrucción es indispensable para volver a crecer, a emprender y generar los empleos que necesitan los chilenos.
    El crecimiento no es un fin en sí mismo, es un medio para que haya más trabajo, más emprendimiento, mejor salud y mejor educación.
    Hace 12 años nos dijeron que primero había que recaudar y después crecer. La evidencia demuestra que esa secuencia, sencillamente, no funcionó.

    En esto no compite la derecha contra la izquierda. Compite Chile contra el desempleo que genera el estancamiento. Y de esa competencia, Chile tiene que salir ganando.
    Nuestra meta es llevar a Chile a crecer al 4% para que la economía vuelva a activarse. Es bajar el desempleo al 6% para recuperar al menos 300 mil empleos.
    También lo haremos fortaleciendo el agro chileno, con más agua, competitividad y desarrollo rural.
    Durante este período, fortalecimos al sector agrícola como uno de los pilares estratégicos del desarrollo nacional, impulsando inversiones históricas en riego y seguridad hídrica, apoyando la agricultura familiar campesina, ampliando el acceso de nuestros productos a mercados internacionales y promoviendo la incorporación de tecnología e innovación en los procesos productivos.
    Al mismo tiempo, avanzaremos fortaleciendo la gestión forestal, la prevención de incendios y la protección de nuestros recursos naturales, con el objetivo de asegurar un agro más competitivo, moderno y preparado para los desafíos del futuro.
    Quiero detenerme aquí para hablar del alza en el precio de los combustibles.
    Sé que golpeó fuerte. No lo minimizo, y no lo voy a minimizar.
    Reconozco que no siempre hemos logrado explicar a tiempo, ni con la cercanía que se requería, el fundamento de algunas decisiones.
    Por eso, en esta oportunidad, quiero agradecer a la ciudadanía la responsabilidad que ha tenido a la hora de enfrentar las decisiones difíciles que, por el bien de Chile, hemos tenido que adoptar.
    Hoy, a la luz de cómo se ha ido desarrollando la guerra en Medio Oriente y las nuevas revelaciones de la grave crisis fiscal que enfrentamos, se ratifica que fue la decisión correcta y que hoy estamos más preparados para enfrentar las incertidumbres del futuro.
    Para aliviar a las familias vulnerables, impulsamos el Plan Chile Sale Adelante, que contempló el congelamiento de las tarifas del transporte público.
    También, la reducción y el congelamiento del precio de la parafina por los meses de invierno.
    Un cupón del gas licuado para el 80% más vulnerable.
    El apoyo económico a más de 90 mil taxistas, colectiveros y transportistas escolares.
    Un alivio de 100 mil pesos a los pescadores artesanales inscritos en el Registro Pesquero Artesanal. Seguiremos apoyando a los chilenos para enfrentar estos desafíos, porque sabemos que, cuando los precios suben, son siempre las familias con menos recursos las que más lo sufren.

    Ese golpe es aún más duro cuando hay hijos que criar, porque los gastos no pueden esperar. Por eso vamos a entregar un apoyo económico a las familias del 80% más vulnerable del Registro Social de Hogares que tengan hijos entre 0 y 13 años.
    Serán $30.000 por niño para ayudar con los gastos del hogar, y llega justo cuando más se necesita.

    Porque muchos papás, y sobre todo las mamás, saben bien que los primeros años de vida son los que más exigen: en tiempo, en cuidado y en plata.
    Pese a todos los contratiempos, podemos decir que la inversión se está reactivando.
    Chile tenía proyectos de inversión pendientes de evaluación por miles de millones de dólares, capaces de generar cientos de miles de empleos. Pero estaban atrapados en una maraña de permisos, trámites y reclamaciones que los paralizaban.
    Cada proyecto detenido no es un papel. Es una obra que no se construye, miles de empleos que no se crean y oportunidades que no llegan a las familias.

    Por eso, desde el primer día nos enfocamos en destrabar la inversión. El Estado no puede ser el principal obstáculo para que Chile vuelva a crecer.
    Hoy tenemos 389 proyectos en calificación ambiental, que representan cerca de 89 mil millones de dólares de inversión esperando luz verde. Solo desde el 11 de marzo han ingresado más de 22 mil millones de dólares. Nuestra tarea es que esa inversión deje de esperar.

    En mayo de este año alcanzamos el mes con mayor monto de inversión aprobada en los últimos once años: 13.900 millones de dólares. Nos hicimos cargo de los recursos de reclamación, que son uno de los principales nudos que mantenían proyectos paralizados. En pocos meses resolvimos el 60% de la inversión que estaba trabada por esta vía y redujimos en 45% los tiempos de resolución. Esto no ocurrió por azar. Pusimos en marcha una plataforma de seguimiento con actualización diaria, informes semanales que llegan directamente a los ministros, y un comité de subsecretarios que sesiona cada dos semanas para empujar, uno por uno, los proyectos detenidos. Agilizar la inversión no es solo apurar trámites, es cambiar radicalmente cómo funciona el Estado.

    Por eso, quiero valorar especialmente el trabajo del Comité de Ministros, compuesto por Medio Ambiente, Agricultura, Economía y Minería, Salud y Energía, quienes luego de seis reuniones lograron destrabar cerca de 7 mil millones de dólares.
    Además, estamos racionalizando los permisos sectoriales, esos que muchas veces son la verdadera causa de que un proyecto con todos sus papeles en regla no logre partir.

    Conformamos mesas de trabajo con los servicios más críticos y estamos implementando más de 90 nuevas técnicas habilitantes que reemplazan trámites lentos por mecanismos más ágiles, sin renunciar al cuidado del medio ambiente.
    Porque crecer y cuidar no son opuestos. Un país serio hace las dos cosas a la vez.
    Vamos a seguir destrabando, proyecto por proyecto, permiso por permiso, hasta que invertir en Chile vuelva a ser sinónimo de certeza y no de demora.

    Estas cifras nos alientan, pero no nos conforman. Son apenas el primer paso de un esfuerzo de largo aliento. Dar señales de seriedad permite que la inversión vuelva, y con ella el empleo, que devuelve la tranquilidad a miles de hogares.

    Por lo mismo, no solo se trata de grandes inversiones, sino que estamos impulsando una profunda modernización para la pequeña y mediana minería, eliminando requisitos innecesarios y simplificando los procesos para acceder a patentes mineras.

    La reforma que proponemos al Congreso reduce la burocracia, entrega mayor certeza a quienes emprenden y trabajan en el sector, y reafirma nuestro compromiso con un Estado que facilita el desarrollo productivo en lugar de frenarlo.

    Con ello fortalecemos una actividad clave para las regiones mineras, la generación de empleo y el crecimiento económico de Chile.
    En tanto, la energía debe dejar de ser una fuente de incertidumbre para convertirse en una garantía de bienestar.

    Por eso, impulsaremos una modernización del sistema tarifario eléctrico que sea simple, transparente y comprensible para las familias y las pequeñas y medianas empresas.
    Enfrentaremos la pobreza energética con herramientas robustas de medición que identifiquen brechas de acceso y asequibilidad, especialmente en comunidades rurales, aisladas y vulnerables.

    Chile requiere un sistema energético seguro, resiliente y con capacidad de respuesta ante escenarios críticos.

    Fortaleceremos la preparación frente a eventos climáticos extremos con planes de invierno más exigentes, actualizaremos la protección de infraestructura crítica y enfrentaremos decididamente el robo de cables.
    Simultáneamente, aceleraremos la transición energética incorporando energías renovables, eficiencia energética y nuevas tecnologías como biocombustibles e hidrógeno.
    Impulsaremos decididamente la electromovilidad y transformaremos el mercado eléctrico para que sea más flexible, competitivo y resiliente, logrando que al año 2030 las energías limpias sean la norma y no la excepción.
    La energía es un motor de inversión, empleo e innovación que requiere infraestructura moderna y oportuna.

    Modernizaremos la transmisión eléctrica, destrabaremos inversiones clave en almacenamiento y logística, y aceleraremos proyectos estratégicos con coordinación interministerial.

    Todo esto será acompañado de instituciones más modernas, eficientes y confiables, basadas en mejor información, evidencia y marcos regulatorios claros que aseguren que la energía esté al servicio de las personas y del desarrollo de Chile.
    También debemos convertir las capacidades científicas y tecnológicas en nuevas oportunidades de desarrollo.

    Chile cuenta con una comunidad científica de excelencia, universidades de nivel internacional, centros de formación técnica y capacidades de investigación reconocidas en múltiples áreas estratégicas.

    El desafío de la próxima década no es solamente generar más conocimiento. Es transformar una mayor parte de ese conocimiento en innovación, emprendimiento, nuevas industrias y crecimiento económico, mediante el impulso del proyecto de Ley de Transferencia de Tecnología y Conocimiento.

    Asimismo, seguiremos fortaleciendo la infraestructura crítica que requiere la economía de la inteligencia artificial: capacidad de cómputo, energía competitiva, conectividad, centros de datos y talento especializado.
    Nuestro desafío es claro: Chile debe pasar de exportar principalmente materias primas a capturar una mayor parte del valor que generan las cadenas tecnológicas del futuro. El objetivo es que la revolución de la inteligencia artificial no solo se consuma en Chile. Queremos que también se diseñe, se entrene, se construya y genere empleo desde Chile.

    Ese es el Chile que estamos construyendo, un país de oportunidades.
    Oportunidades de empleo, de emprendimiento, de movilidad social y de superación personal. Un país donde los padres y las madres recuperen la ilusión más antigua y más noble de todas: la de saber que sus hijos van a estar bien y tendrán más oportunidades que ellos.

    Hay una pregunta que le da sentido a todo lo demás.
    ¿Para qué queremos un Chile seguro y un Chile que crece? La respuesta es sencilla: para que cada familia, cada persona, pueda vivir mejor. Por eso, junto a la emergencia de seguridad y a la económica, hay una tercera que se vive más en silencio, pero que duele igual: la emergencia social. Es la madre que espera años una hora médica. Es el joven que no encuentra cómo pagar un arriendo. Es el niño que estudia en una escuela donde la violencia se comienza a instalar.

    A esas heridas se suman otras, aún más ausentes de la discusión pública: la caída en la natalidad y la soledad de tantos adultos mayores. El Estado no puede seguir ignorando esta realidad. El Estado no está para reemplazar a las familias, sino para entregarles las herramientas y después, confiar en ellas.

    En salud, el sistema actúa cuando ya es tarde. Por eso decidimos acompañar a la persona en cada etapa: la prevención, el diagnóstico, el tratamiento y la recuperación, sin abandonarla a mitad de camino. En Chile, una de cada cuatro muertes tiene la misma causa: el cáncer. Cada año, 60 mil personas reciben ese diagnóstico, y 30 mil no sobreviven. Cuando asumimos, encontramos a miles de chilenos esperando algo que no admite demora: la confirmación de un diagnóstico de cáncer y el inicio de su tratamiento.

    Detrás de cada garantía retrasada hay una persona y una familia que vive con la angustia de no saber, y un reloj que, en oncología, corre siempre en contra.
    Por eso declaramos la alerta oncológica y pusimos en marcha el Plan Oncológico de 90 días, con metas claras, plazos exigentes y seguimiento semana a semana.
    Los resultados están a la vista.

    Logramos contactar al 99% de las más de 33 mil personas que estaban en lista de espera, para vincularlas a la red y reactivar su atención.
    El plan avanzó de forma sostenida y verificable.

    En pocas semanas hemos logrado cerca del 80% de avance en la aceleración de la resolución de los casos más críticos.
    Activamos la complementariedad público-privada y, a través de FONASA, dispusimos más de 4.800 cupos para atender retrasos oncológicos en distintas regiones del país.

    Sabemos que el desafío no termina aquí, pero demostramos que, cuando el Estado se organiza, fija metas y rinde cuentas, los resultados llegan.
    El cáncer no es la única espera que duele.

    Tenemos más de tres millones de prestaciones pendientes.
    Por eso seguiremos priorizando atenciones en las listas de espera, con más horas médicas, más operativos quirúrgicos y mejor coordinación de la red pública y privada.

    El deporte también es fundamental para fortalecer nuestro desarrollo social.
    La recién promulgada Ley de Sociedades Anónimas Deportivas, aprobada transversalmente, marca un antes y un después para el fútbol chileno.

    Con esta normativa, fortalecemos la transparencia, la fiscalización y la probidad en la gestión de los clubes, terminando con prácticas que han afectado la credibilidad de la actividad, como la multipropiedad, los conflictos de interés y la opacidad en la propiedad de las instituciones.

    Esta ley protege a los hinchas y permite que el deporte profesional se desarrolle con reglas claras, responsabilidad y confianza. Además, como hemos anticipado en estos días, estableceremos una mesa de trabajo para impulsar un plan de recintos deportivos para Chile que permita acelerar, mediante acuerdos público-privados, la construcción de infraestructura a nivel regional y también, por qué no decirlo, contribuir a que todos los grandes clubes puedan tener un espacio propio para desarrollar sus actividades.

    ¿Cómo puede contribuir el Estado al impulso de la infraestructura deportiva, cultural y tecnológica en el país? Convirtiéndose en un articulador de estas grandes iniciativas y comprometiendo la acción ágil y decisiva del Estado en su ámbito de responsabilidad.

    Destrabar la burocracia no solo sirve para el desarrollo económico, sino también para potenciar la innovación social, educativa, deportiva y cultural.
    Pero el deporte es mucho más que eso. Es una escuela de carácter.
    Enseña disciplina, perseverancia, responsabilidad, trabajo en equipo, respeto por las reglas y capacidad de superación. Queremos que el deporte acompañe a las personas durante toda la vida. Desde la infancia hasta la vejez.
    Porque el deporte no solo forma mejores deportistas; forma mejores personas y fortalece el tejido social de Chile. En los cimientos de todo desarrollo está la educación.

    Gabriela Mistral lo dijo con una claridad que todavía nos interpela:
    «Todo procede de la escuela. Allí se forjan los corazones y los cerebros que forman el alma de la patria. Según cómo sea la escuela, así será la nación entera».
    Sin embargo, en educación llevamos una década perdida por reformas que extraviaron las prioridades.
    Se desatendió el aprendizaje y se debilitaron valores esenciales como el respeto, el orden y la disciplina. La violencia ganó terreno en nuestras escuelas. Este año, en Calama, la inspectora María Victoria Reyes fue la víctima fatal del ataque de un estudiante armado. Por eso ingresamos al Congreso el proyecto Escuelas Protegidas, para que los establecimientos puedan prevenir y enfrentar la violencia.
    Agradezco que ambas cámaras hayan aprobado la idea de legislar, y espero que pronto sea ley de la República.

    Por otro lado, hemos escuchado a quienes están en las escuelas.
    Conformaremos el Consejo Nacional de Directores por Chile, con representación de todas las realidades del país, para convertir al Ministerio de Educación en un facilitador y no en un obstáculo. Asimismo, devolveremos a las familias el lugar que nunca debieron perder.

    Tras una década en que un sistema centralizado entregó la admisión escolar prácticamente al azar, ingresaremos un proyecto de ley que ponderará el mérito de los alumnos y el derecho de los padres a elegir un proyecto educativo. Acercaremos las familias a las escuelas, daremos a los directores herramientas para volver a ser líderes pedagógicos y no meros administradores.

    Más autonomía a los establecimientos, resguardando siempre la no discriminación y la atención de los estudiantes con necesidades especiales.
    Pero ninguna reforma sirve si no mejora lo esencial: que nuestros niños aprendan.
    Lanzaremos “Chile Aprende y Avanza”, una estrategia nacional para que los niños adquieran a tiempo las competencias fundamentales en lectura, escritura y matemática, con decisiones basadas en evidencia, formación docente y habilidades efectivas.

    Al igual que en todos los ministerios, en educación también estamos cuidando cada peso. Gracias al llamado a regularizar los pagos del Crédito con Aval del Estado, el cobro de saldos morosos aumentó cerca de un 300%, recursos que nos permitirán mejorar la educación inicial y también apoyar a los jóvenes que habían desertado del sistema.
    Finalmente, en una materia que cruza la educación, el trabajo y los desafíos de las mujeres, el próximo 15 de junio ingresaremos una indicación al proyecto de ley de Sala Cuna para poner fin a una barrera que, por más de 100 años, ha afectado la contratación de mujeres en Chile.

    Para ello, impulsaremos un nuevo sistema que permita avanzar hacia una sala cuna universal, con gradualidad y responsabilidad, garantizando la sostenibilidad financiera.

    Con esta propuesta buscamos fortalecer la participación laboral femenina, avanzar en conciliación entre trabajo y cuidados, y enfrentar uno de los grandes desafíos sociales y demográficos del país.

    Porque cuando una madre puede trabajar con tranquilidad, cuando las familias cuentan con más apoyo y cuando el cuidado deja de ser una carga individual para transformarse en una tarea compartida, avanza no solo la equidad, sino también el desarrollo de Chile.

    En vivienda, recibimos un déficit que deja a casi 500 mil familias sin acceso a un hogar y a más de 120 mil familias viviendo en campamentos.
    Una familia que postula a un programa del Minvu espera, en promedio, once años por su casa.
    El 44% de ese déficit corresponde a jóvenes entre 18 y 40 años.
    Esos no son números fríos: son sueños postergados.
    Tener casa propia no es un lujo, es el sueño más legítimo y más antiguo de una familia.

    Queremos que Chile vuelva a ser un país de propietarios, no de arrendatarios.
    Vamos a reducir la burocracia que explica casi dos tercios del tiempo de espera.
    Propondremos abrir los programas habitacionales a la clase media, elevando las postulaciones hasta las 4.000 UF con un fondo de garantía estatal.

    Impulsaremos, asimismo, una reforma al suelo urbano, a través de la Operación Sitio 2.0. Para lograrlo, traspasaremos más de 10 millones de metros cuadrados de suelo de Bienes Nacionales, hoy sin uso, para reforzar el banco de suelo público y habilitar terrenos para el desarrollo de proyectos habitacionales.

    Crearemos, finalmente, el programa Eriazo Cero, para que los municipios transformen sitios abandonados en plazas, canchas y sedes comunitarias.
    No olvidamos a las más de 40 mil personas damnificadas por los incendios de Valparaíso, Ñuble y Biobío.

    A través del Plan de Reconstrucción Nacional, inyectaremos 400 mil millones de pesos al Fondo de Emergencia, que se traducirán en la reconstrucción de más de 4 mil viviendas. Esas familias no pueden seguir esperando.
    Más seguridad, más empleo y más oportunidades deben traducirse, al final, en algo muy concreto: mejor calidad de vida en el barrio, en la calle y en el entorno cotidiano de cada familia.

    Por lo mismo, liderados por Cultura, pondremos en marcha el Plan Nacional de Recuperación, Limpieza y Puesta en Valor de Monumentos y Espacios Públicos.
    Una iniciativa que busca reparar el daño acumulado en nuestros centros históricos y devolverle a la ciudadanía espacios dignos, seguros y llenos de identidad.
    Tenemos que recuperar la cultura de cuidar lo nuestro, de hacernos responsables de nuestros monumentos y de nuestros espacios públicos y artísticos, porque son parte de quiénes somos y porque cuidar nuestro patrimonio y lugares culturales es también cuidar la seguridad, la memoria y el alma de Chile.

    También, en Obras Públicas, dimos un paso histórico con el Plan Ruta Austral: una inversión de más de 800 mil millones de pesos para expandir la Carretera Austral entre La Junta y Villa O’Higgins.

    No estamos hablando solo de caminos. Hablamos de soberanía, de turismo, de empleo y de conectividad para familias que esperaron décadas.
    Chile no puede mirar su territorio austral como una periferia, sino como una zona estratégica para su futuro.

    Asimismo, porque el turismo es un gran generador de empleo, en las próximas semanas ingresaremos un proyecto de ley con un nuevo Estatuto Laboral para el turismo, que busca fomentar el empleo en las temporadas altas con adaptabilidad de jornadas y compensar las temporadas bajas.

    Vamos también a expandir y modernizar los puertos de Valparaíso y San Antonio, con cerca de 2 mil millones de dólares, porque una mejor infraestructura portuaria es sinónimo de mejores empleos y mayor competitividad para Chile.
    Y damos continuidad, reconociendo el trabajo de administraciones anteriores, a las nuevas líneas del Metro de Santiago.

    La Línea 7 ya supera el 40% de avance y, hacia fines de 2028, unirá Renca con Vitacura, beneficiando a más de 1,6 millones de personas.
    La Línea 9 conectará Recoleta con Puente Alto, en beneficio de dos millones de habitantes.

    Avanza la Línea 8 y ya están en estudio los trazados de la futura Línea A, que llegará hasta el aeropuerto, como ocurre en las grandes capitales del mundo.
    Detrás de cada kilómetro de Metro hay algo más valioso que el concreto: hay tiempo.
    El tiempo de una persona que dejará de perder más de una hora cada día en el transporte. Una hora para compartir en familia, para practicar un deporte, para leer o, sencillamente, para descansar.

    Devolverle el tiempo a las familias también es una forma de gobernar.
    Toda política social debe tener como finalidad el fortalecimiento de la familia chilena.
    Tengo la convicción de que muchos de nuestros problemas tienen su raíz en el debilitamiento de la familia. Por eso, fortalecer a la familia es fortalecer Chile.
    Hoy, en nuestro país, nace en promedio menos de un hijo por mujer en edad fértil.
    Para enfrentar esta crisis silenciosa, creamos la Secretaría del Plan Chile Renace y convocaremos a una Comisión Asesora Presidencial para que formar una familia vuelva a ser posible para quien lo sueñe. Los niños son el futuro de Chile.

    Por eso fomentaremos la desinternación de cerca de 700 niños, entre 0 y 3 años, que viven en residencias, para entregarlos al cuidado de familias de acogida a través del Plan Crecer en Familia, ya operativo en La Araucanía, Valparaíso y la Región Metropolitana. Pusimos en marcha una estrategia nacional contra la explotación sexual infantil y activamos el Plan Entornos Digitales Seguros para proteger a nuestros niños de los peligros que hoy los acechan a través de las pantallas, respetando y fortaleciendo siempre el derecho preferente de los padres como principales educadores.

    Que un niño crezca en una familia que lo ama no es un privilegio, es un derecho.
    Restituirles ese derecho a los niños más vulnerables de Chile no es para nosotros un programa más. Es una responsabilidad moral.
    Tenemos un compromiso especial con las personas en situación de discapacidad.
    A petición de la Fundación Teletón, tan querida y respetada por los chilenos, enviamos un proyecto de ley para establecer el Día Nacional de la Teletón y el Día Nacional del Encuentro Familiar, el primer sábado y domingo de noviembre.
    Dos días para celebrar la esperanza y para reencontrarnos con quienes queremos.

    Estimados compatriotas: La confianza en la democracia exige un Estado que rinde cuentas, acepta el escrutinio y cierra los espacios donde se refugia la corrupción.
    La corrupción no es un problema menor.

    Corroe las instituciones desde dentro, desvía recursos que no llegan a quienes más los necesitan y vacía de contenido las promesas de la democracia.
    Por eso, a pocas horas de asumir, el 11 de marzo, firmé la instrucción que puso en marcha el Plan de Inspección Total.

    Una revisión inédita del gasto fiscal en más de 500 servicios públicos, con más de mil auditores trabajando, apoyados por inteligencia artificial para detectar patrones anómalos. Los primeros hallazgos son preocupantes.
    Encontramos más de 3 mil millones de dólares pendientes de pagos muy por encima de lo habitual. Y cerca de 10.000 pymes esperaban pagos postergados por más de 250 millones de dólares.

    Los principales afectados fueron, precisamente, los programas sociales.
    El caso de la JUNAEB es especialmente grave.
    En el Programa de Alimentación Escolar encontramos pagos por raciones no entregadas y modificaciones contractuales irregulares.

    Por lo mismo, vamos a acelerar la institucionalización del Servicio de Auditoría Interna con mayores facultades y financiamiento, que será un colaborador más eficaz para el enorme trabajo que hace la Contraloría General de la República.
    Porque el Estado tiene los recursos para que los programas sociales funcionen; lo que falló fue la gestión.

    La mejor defensa de programas como la alimentación escolar, salud y educación es asegurarnos de que ni un solo peso se pierda en el camino. Combatir la corrupción es un deber que busca protegerlos a todos.

    Cada peso que se desvía es un medicamento que no llega, una ración que un niño no recibe, una obra que no se construye. Por eso, cada gasto que hagamos responderá a tres preguntas simples:
    ¿Ayuda a quienes realmente más lo necesitan?
    ¿Hace de Chile un país más seguro?
    ¿Hace de Chile un país más próspero? Si la respuesta es sí, adelante. Si es no, ese peso debe volver a su dueño, que es el pueblo de Chile. En esa misma línea, avanzaremos en la racionalización del aparato público. Un Estado más moderno empieza por dar el ejemplo. No le podemos pedir austeridad y eficiencia a las familias chilenas si el propio Estado no es capaz de ordenarse a sí mismo.

    En las próximas semanas vamos a presentar un proyecto de ley para avanzar hacia la fusión institucional del Ministerio del Interior y el Ministerio Secretaría General de Gobierno en una sola estructura orgánica.

    Asimismo, convocaremos a una Comisión de Expertos con el mandato de proponer una nueva arquitectura del Estado. Una estructura ministerial más racional, que reduzca el número de carteras, elimine las superposiciones de funciones y reasigne los recursos. A partir de sus propuestas, enviaremos al Congreso las iniciativas que en el tiempo permitan concretar una reducción real y ordenada de ministerios.
    A casi 20 años de su creación, el Sistema de Alta Dirección Pública es la herramienta con que cuenta el Estado para que sus cargos directivos se llenen por mérito y no por cuoteo político.

    Valoramos ese principio y queremos protegerlo.
    Sin embargo, el sistema, tal como funciona hoy, no responde con la agilidad que el país necesita.

    Los concursos toman demasiado tiempo, las vacantes se acumulan, los cargos quedan por largos períodos en manos de suplencias y, en la práctica, se ha ido debilitando aquello que el ADP venía justamente a garantizar: liderazgos estables, idóneos y responsables al frente de las instituciones públicas.
    El caso de la red de salud ilustra con crudeza este problema.
    Al asumir, encontramos que, de los 321 cargos que deben proveerse por esta vía en los servicios y hospitales del país, 184 estaban vacantes, la mayoría de ellas en las direcciones que conducen la gestión del día a día.
    Por eso vamos a evaluar y modernizar el Sistema de Alta Dirección Pública en su conjunto.
    Queremos un Estado conducido por directivos con nombre, con mandato y con responsabilidad sobre sus metas, porque el mérito en la función pública no es un trámite administrativo.

    En materia de transparencia, nuestro Gobierno ha asumido una convicción clara: el Estado debe volver a estar al servicio de las personas, y eso exige instituciones abiertas, responsables y sujetas al escrutinio ciudadano.

    Por ello, durante estas primeras semanas impulsamos con decisión la tramitación del proyecto de ley de Transparencia 2.0, una reforma largamente postergada que modernizará nuestro sistema de acceso a la información pública y actualizará estándares que hoy han quedado atrás frente a las nuevas exigencias de la ciudadanía.

    No es aceptable que una iniciativa de esta relevancia lleve cerca de ocho años esperando avanzar en el Congreso. Chile necesita un Estado más transparente, más moderno y más cercano.
    En esa misma línea, coordinaremos esfuerzos entre la Contraloría General de la República, el Servicio Civil y la Comisión Asesora Presidencial para la Integridad Pública y Transparencia, con el objeto de instalar sistemas de mayor integridad en municipios y servicios públicos de todo Chile. Hace un año, la Contraloría evidenció una de las prácticas que más indigna a los chilenos.

    Personas que usaban licencias médicas para salir del país, asistir a casinos o, sencillamente, no iban a trabajar, mientras seguían recibiendo su sueldo.
    Las cifras son relevantes: se identificaron casi 30 mil casos.
    Más de 25 mil sumarios ya están instruidos y, donde corresponde, las sanciones han empezado a aplicarse, incluyendo destituciones, censuras y multas.
    Pero instruir un sumario no basta.

    Lo que la gente espera, con toda razón, es que estos procesos terminen y que se apliquen sanciones efectivas para quienes abusaron de la confianza pública.
    Por eso asumimos un compromiso concreto: crear una Fuerza de Tarea Legal, con abogados dedicados exclusivamente a acelerar la tramitación y cierre de estos sumarios. Quien hizo bien su trabajo no tiene nada que temer; quien defraudó al Estado y a sus compañeros que sí cumplen, debe responder.
    Compatriotas: Hemos hablado de muchas emergencias.
    Y quiero volver, para terminar, a la idea con la que empecé este discurso.
    La emergencia no es el lugar donde Chile se queda. Es el lugar desde donde Chile se levanta.

    Porque la palabra emergencia, además de una crisis, también es lo que emerge.
    Lo que brota. Lo que sale a flote. En estos 82 días, desde la emergencia comienza a emerger otro Chile. Emerge un país más seguro. Emerge la inversión que se había ralentizado en el país.

    Emerge la voz de millones de chilenos que quieren vivir tranquilos y que su esfuerzo valga la pena. Eso es lo que hoy les vengo a entregar.
    No la esperanza de las palabras, sino la esperanza de los hechos.
    En estos 82 días hemos demostrado que es posible gobernar distinto. Que se puede decir la verdad sin miedo. Que se puede actuar con rapidez sin perder el rigor.
    Que se puede ser firme con el delito y, al mismo tiempo, cercano con las personas.
    Pero gobernar es una tarea de largo aliento. Un país no se reconstruye en tres meses, pero nos estamos haciendo cargo, con hechos y resultados.

    Hemos puesto los cimientos que nos permitirán levantar la patria.
    El 11 de marzo, Palacio de La Moneda se convirtió no solo en nuestro lugar de trabajo, sino, junto a la Primera Dama, también en nuestro hogar. Desde 1958, ningún Presidente vivía allí. Caminar por sus pasillos, el Salón O’Higgins, el Salón Carrera y el Salón Prat recién reinaugurado, ha sido una manera de comprender mejor a Chile y su historia. Pero un Presidente no puede encerrarse entre cuatro paredes. Tiene que salir a escuchar.

    Por eso, a través de los diálogos ciudadanos, ya hemos conversado con los vecinos de Coltauco, Concepción, Coyhaique, Puerto Montt, Copiapó y Villa Alemana.
    Ello, sumado a decenas de viajes a regiones, visitas a instituciones, faenas, lugares y recorridos en todo el país. Estamos convencidos de que un gobierno de todos es el que escucha a todos, el que trabaja para todos, pero sobre todo, el que llega a todas partes.

    Y lo seguiremos haciendo, junto a los ministros, subsecretarios y autoridades, por el resto de nuestro mandato. Porque rendir cuenta no es solo cumplir con el mandato ante el Congreso de la Nación. Es escuchar, en terreno, a cada chileno.
    Chile tiene una larga y orgullosa tradición democrática.

    Las generaciones que nos antecedieron construyeron una República de instituciones sólidas, elecciones libres, alternancia en el poder y vocación republicana.
    Sería un error creer que la democracia se sostiene solo en procedimientos.

    Nuestra democracia se sostiene sobre principios y también sobre personas que están dispuestas a ser fieles en el cumplimiento de sus deberes. Asimismo, la democracia debe servir a un propósito. Una democracia para la seguridad. Una democracia para la libertad. Una democracia para el progreso. Una democracia para la paz social.

    En definitiva, una democracia al servicio de las personas.
    Hace más de un siglo y medio, el Presidente Manuel Montt sostuvo que la libertad y el orden debían marchar unidos para que la República avanzara. Lo entendieron así Diego Portales y Andrés Bello, los constructores de nuestra República.

    El orden nunca fue enemigo de la libertad, sino la condición para protegerla.
    También nos enseñaron, con su ejemplo, héroes como Arturo Prat, Manuel Baquedano, Manuel Rodríguez, Bernardo O’Higgins y José Miguel Carrera.
    Hay momentos en la historia en que el deber exige coraje y amor profundo por la patria.

    Ese sigue siendo, hoy, el desafío de nuestra generación.
    Gobernar en tiempos difíciles no consiste en buscar el aplauso.
    Consiste en actuar con responsabilidad, tomar decisiones correctas y pedir esfuerzos que no siempre son fáciles. Ningún país se reconstruye sin coraje y sin la voluntad de todos de salir adelante. Y mi respuesta, hoy, ante este Congreso y ante Chile entero, es que vale la pena atreverse.

    Atreverse a soñar por un Chile más seguro.
    Atreverse a recuperar nuestra institucionalidad.
    Atreverse a devolver la tranquilidad a las familias chilenas.
    Atreverse a poner todas las capacidades del Estado al servicio de las personas.
    Atreverse a creer en Chile y en su gente.
    Los héroes no solo están en los libros de historia.
    Los tenemos al lado.
    Es el bombero que se mantiene alerta mientras otros duermen tranquilos.
    Es la enfermera que toma un turno más para cuidar a sus pacientes.
    Es el pequeño empresario que, contra viento y marea, mantiene los puestos de trabajo. Son los padres y las madres que se sacrifican en silencio para que sus hijos tengan una vida mejor. Ellos son Chile. Por ellos vale cada esfuerzo que hagamos.
    Chile puede volver a levantarse. Chile puede volver a ser un país modelo en seguridad, libertad y prosperidad.

    Eso no es un sueño imposible.
    Para un chileno que se lo propone de verdad, nada es imposible.
    Y lo vamos a lograr de la única manera en que un país logra las cosas grandes: todos juntos. Juntos vamos a recuperar la seguridad en cada barrio de Chile.
    Juntos vamos a volver a crecer y a crear los empleos que las familias necesitan.
    Juntos vamos a terminar con las listas de espera que durante años postergaron a nuestros enfermos. Juntos vamos a devolverle a cada niño chileno el derecho a crecer en una familia y a estudiar en una escuela segura. Porque juntos, los chilenos, somos mejores. Antes de mis últimas palabras, quiero agradecer. A mi familia, que es mi gran apoyo. A cada ministro, subsecretario, delegado, seremi y funcionario que trabaja sin descanso.

    A nuestras Fuerzas de Orden y Seguridad, y nuestras Fuerzas Armadas.
    Y, por sobre todo, agradecer a cada chileno que se levanta cada mañana, antes del amanecer, a hacer bien su trabajo y a cuidar a los suyos. Compatriotas: No les voy a prometer que el camino que viene será fácil. El camino exigirá trabajo. Exigirá esfuerzo. Exigirá sacrificio. Exigirá paciencia.

    Pero les prometo, a cambio, algo que sí depende enteramente de nosotros, y que vamos a cumplir. Si hacemos bien esta tarea, llegará el día en que miremos hacia atrás, y las futuras generaciones que nos sigan dirán que esta fue la hora. La hora en que Chile dejó de resignarse. La hora en que Chile volvió a creer en sí mismo.
    La hora en que Chile, una vez más, se puso de pie.
    Que esta sea, compatriotas, nuestra mejor hora.

    Y que nadie, nunca, les diga que los mejores días de Chile quedaron atrás.
    No es verdad. Los mejores días de Chile están por venir. Y los vamos a alcanzar con trabajo, con unidad y con esperanza. Ese fue el mandato que recibimos. Esa es la responsabilidad que asumimos.
    Y ese es el compromiso con el que hoy me presento ante ustedes.
    Que el día en que esta generación entregue la posta, se diga de nosotros, de este Gobierno y de este Honorable Congreso, que cuando Chile más lo necesitó, estuvimos a la altura. Que no le fallamos a Chile. Cierro reiterando que:

    La emergencia no es el lugar donde Chile se queda. Es el lugar desde donde Chile se levanta. Y Chile, hoy, se está levantando. Gracias por la confianza. Gracias por el esfuerzo. Gracias por no dejar de creer, ni por un instante, en nuestro maravilloso país. Que Dios bendiga a sus familias. Que Dios bendiga nuestro trabajo. Y que Dios bendiga a Chile.
    Muchas gracias.

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