La cancelación abrupta de la reunión bilateral entre Boric y Kast el martes 3 de marzo, y los hechos que se desencadenaron después, dejaron en evidencia algo que va más allá del conflicto puntual: cada actor tomó decisiones comunicacionales precisas, y esas decisiones tuvieron consecuencias que vale la pena analizar.
La secuencia fue clara: Kast exigió una retractación pública, Boric se negó, Kast se retiró y desde la OPE se suspendieron las reuniones bilaterales. Ese mismo día el ministro Muñoz reconoció que había reservado información sobre el cable para una reunión posterior que finalmente nunca ocurrió. Todo esto ocurrió a ocho días del cambio de mando.
ANÁLISIS
I. El tono del gobierno fue su primer problema
- Boric salió rápido a un punto de prensa rodeado de ministros. Fue el primero en hablar y puso el tema en la agenda. Pero apareció visiblemente molesto, y eso tiene un costo comunicacional que no se puede ignorar. En comunicación de crisis, el tono es tan importante como el contenido.
- Un gobierno que reacciona con molestia visible transmite que el otro lado lo sorprendió, lo incomodó, lo sacó de su posición. Y esa imagen – aunque sea injusta – es la que queda. La molestia es la confesión involuntaria de que el golpe llegó.
- El problema es que el gobierno cargaba además con una vulnerabilidad real que ningún punto de prensa podía borrar: su propio ministro acababa de admitir públicamente que había guardado información. A eso se suma una secuencia de errores, omisiones y trascendidos que han rodeado todo el proceso del cable submarino… En ese contexto, afirmar que el traspaso ha sido plenamente transparente resulta complejo cuando el propio proceso aparece marcado por omisiones, contradicciones y explicaciones tardías.
II. El tuit de Boric lo contradijo
- Después, Boric publicó en X un mensaje estructurado en tres registros distintos: en el primer párrafo acusó directamente a Kast de haber “empañado la sana y orgullosa tradición republicana”; en el segundo reiteró su disposición a continuar las conversaciones de traspaso; y en el tercero llamó a avanzar juntos y tendió la mano.
- Un solo mensaje con tres registros incompatibles: la acusación, la disposición y la reconciliación. Quiso ser estadista y fiscal al mismo tiempo, y eso no funciona. Cuando un mensaje opera en tres frecuencias a la vez, el receptor elige la que más le acomoda. En un clima de conflicto, esa siempre es la del conflicto. El párrafo inicial – el de la acusación – anuló todo lo que vino después.
- En comunicación de crisis, los mensajes mixtos no suman: restan. Si quieres proyectar altura de miras, no puedes hacerlo mientras acusas. Son registros incompatibles, y mezclarlos le entrega al adversario la libertad de quedarse con el registro que más le conviene.
III. Kast habló segundo y controló la narrativa final
- Cuando Kast tomó la palabra desde la OPE, no compitió por velocidad. La puesta en escena fue calmada, técnica y ordenada: falta de transparencia, fuerza de tarea, recopilación de antecedentes.
- Hay una ventaja estructural en hablar segundo que se suele subestimar: quien llega después conoce ya la versión del otro y puede modular su respuesta en consecuencia. Kast no solo respondió al argumento, respondió al tono. Y al hacerlo desde una posición completamente distinta, produjo el contraste más dañino para el gobierno: el de la serenidad frente a la agitación.
- En política, la calma se lee como control. No importa si es real o construida. Lo que el público percibe es que uno de los dos líderes tenía el manejo de la situación, y el otro no. Ese contraste no requiere explicación. Se ve solo.
IV. El gobierno se alivió tácticamente y pagó un precio estratégico
- Al provocar el conflicto del traspaso, el gobierno desplazó la agenda desde el terreno más incómodo – las sanciones de EE.UU., el decreto anulado, la admisión del ministro Muñoz – hacia la tensión entre liderazgos. Eso pareció un alivio táctico.
- En comunicación estratégica, los alivios tácticos casi siempre tienen un precio. Aquí el precio fue concreto: al mover la conversación hacia el estilo del traspaso, el gobierno le entregó a Kast el escenario que más le convenía. Lo sacó del terreno técnico – donde las preguntas eran incómodas pero acotadas – y lo puso en el terreno del liderazgo, donde Kast tenía mejores condiciones comunicacionales para capitalizar el momento.
- Un gobierno que termina su mandato en ocho días no necesita ganar el debate sobre el cable. Necesita preservar un cierre institucional ordenado. Y al escalar el conflicto del traspaso, expuso ese cierre a una tensión innecesaria.
V. El conflicto también validó el relato de gobierno de emergencia
- Kast viene construyendo desde la campaña un relato muy claro: que Chile necesita reordenar la conducción del Estado porque las instituciones han operado con estándares insuficientes. Que se necesita, en sus propios términos, un gobierno de emergencia. El episodio del traspaso lo ilustró con una claridad que pocas veces se ve en política chilena.
- Un ministro que guarda información, un gobierno que reacciona con molestia, un proceso republicano que se rompe a días del cambio de mando. Kast no necesitó decir nada nuevo. Los hechos dijeron lo que él venía diciendo desde la campaña. En comunicación estratégica, cuando la realidad construye tu relato por ti, no hay campaña más eficiente que esa.
- Kast no llegó a La Moneda solo a participar en un traspaso y discutir el conflicto del cable submarino. El episodio también le permitió reforzar, ante parte de la opinión pública, el relato que ha venido construyendo desde la campaña: que el país necesita un cambio profundo en la forma de conducir el Estado.
VI. La teoría del primer combo
- Hay un dicho que podría parecer pertinente en este caso, pero no fue así: en las peleas callejeras, quien da el primer combo gana la pelea. La lógica es simple, quien habla primero instala la agenda, define los términos y obliga al otro a reaccionar. En ese esquema, la velocidad es poder y la iniciativa es ventaja.
- Este episodio demuestra que esa regla no siempre se cumple.
- Boric dio el primer combo: salió primero, habló primero, instaló la primera versión. Tácticamente le funcionó. Pero al hacerlo, lo puso justo donde Kast necesitaba que estuviera: defendiéndose, explicando, reaccionando. Ganó las primeras horas y cedió el relato. En comunicación de crisis hay una distinción que los equipos políticos suelen confundir: ganar el momento no es lo mismo que ganar el relato. Son cosas distintas y a veces se contradicen.
- La paradoja es precisa: al intentar ganar el momento, Boric puede haber acelerado la legitimación del relato que justifica todo lo que Kast hará después. El “primer combo” dominó el inicio de la jornada. Lo que está menos claro es si, al darlo, Boric ganó algo o entregó algo más grande: la autoridad percibida con la que Kast llega al poder el 11 de marzo. En política, eso no es un empate. Es una derrota diferida.
- Por Claudio Ramírez, socio de Consiglieri, consultor en gestión de reputación y manejo de crisis.











