En la ribera herida y resiliente de la ciudad, allí donde la memoria se mezcla con el murmullo del río, la comunidad de Constitución volvió a reunirse en la Isla Orrego para honrar a las 102 víctimas que dejó el terremoto y posterior tsunami del 27 de febrero de 2010.
A las 03:34 horas, el mismo instante en que hace 16 años la tierra estremeció el alma de Chile, el sonido solemne de la campana marcó el inicio de una vigilia cargada de recogimiento. Cada campanada fue un nombre. Cada nombre, una historia. Cada silencio, un espacio profundo para el recuerdo.
Aquella madrugada, uno de los sismos más intensos registrados en la historia de la ciudad costera cambió para siempre el destino de Constitución. Minutos después del terremoto, el mar avanzó con violencia inusitada sobre la ciudad. Calles, hogares y proyectos de vida fueron arrasados. Ciento dos vecinos y vecinas perdieron la vida, dejando un vacío que el tiempo no ha logrado borrar, y diez personas permanecen hasta hoy desaparecidas, luego de que el tsunami arrastrara sus cuerpos mar adentro.
La conmemoración, organizada por familiares de las víctimas, contó con el apoyo de la Municipalidad de Constitución a través de su Corporación Cultural, transformándose en una vigilia de reflexión, memoria y unidad. Estuvieron presentes el alcalde Carlos Valenzuela Gajardo, los concejales Franco Aravena, Francisco Candia y Richard Rodríguez, además de representantes de las fuerzas Armadas y de Seguridad y Orden, también, entre ellas ARE y vecinos.
Testimonios que estremecieron la madrugada
Uno de los momentos más conmovedores de la ceremonia fue el testimonio de María Contreras, madre de Felipe Sáez Contreras, quien perdió la vida esa noche mientras esperaba la tradicional Noche Veneciana en la Isla Orrego.
Con voz entrecortada, María recordó, “han pasado 16 años y el dolor sigue intacto. Esa madrugada no sólo perdí a mi hijo Felipe, perdí su risa, sus abrazos, sus sueños. Era un joven lleno de vida, con planes, con ilusiones, fanático del fútbol. Cada 27 de febrero vuelvo a esa noche, pero también vuelvo al amor inmenso que siento por él. Mientras yo viva, su nombre seguirá siendo pronunciado”.
Junto a ella, Sandra Contreras —quien perdió a sus dos hijas y a su pequeña nieta en las mismas circunstancias— compartió un testimonio que conmovió profundamente a los presentes.
“Esa noche el mar me arrebató lo más sagrado: mis niñas y mi nieta. No hay palabras para describir lo que significa sobrevivir a tus propios hijos. Uno aprende a caminar con el dolor, pero nunca deja de sentirlo. Estamos aquí porque ellas merecen ser recordadas, porque su ausencia no puede transformarse en olvido”, expresó con lágrimas en los ojos. Ambas mujeres, a pesar de los años transcurridos, evidenciaron que el duelo no tiene fecha de término, pero también que la memoria es una forma de amor que resiste al tiempo.
Un compromiso que trasciende generaciones
Durante la ceremonia, las autoridades encabezadas por el alcalde depositaron una ofrenda floral en el memorial de la Isla Orrego, en homenaje a las 102 víctimas fatales, y en recuerdo especial de las 10 personas que permanecen desaparecidas, cuyos cuerpos fueron arrastrados por el mar tras el tsunami.
El alcalde Carlos Valenzuela Gajardo destacó el valor de mantener viva la memoria colectiva y subrayó que la tarea de reconstrucción aún no ha concluido.
“Como ciudad tenemos el deber moral de recordar. Estas 102 vidas forman parte de nuestra historia y de nuestra identidad. No se trata sólo de mirar el pasado, sino de aprender de él y fortalecer nuestro compromiso con la prevención, la solidaridad y el cuidado de nuestra comunidad”, señaló.
La autoridad comunal fue enfática en afirmar que “la reconstrucción no ha terminado. El Estado mantiene una deuda pendiente con Constitución que aún no se ha saldado. Un ejemplo claro es el parque fluvial, una obra emblemática para la seguridad y el desarrollo urbano de nuestra ciudad, que después de tantos años todavía no se concluye. Nuestra comunidad merece respuestas y compromisos concretos”.
Agregó además que “esta vigilia, impulsada por las propias familias, nos demuestra que el amor es más fuerte que la tragedia. Desde el municipio, a través de nuestra Corporación Cultural, apoyamos con respeto esta instancia que pertenece a ellos, porque la memoria es un acto profundamente ciudadano”.
Memoria, unidad y esperanza
La ceremonia incluyó un responso en memoria de las víctimas a cargo del cura párroco Gonzalo Aravena Valenzuela, el repique de las 102 campanadas acompañadas por la lectura de cada nombre y un minuto de silencio que envolvió la isla en una quietud sobrecogedora. La música instrumental del piano de Diego Yáñez Castro aportó un momento de recogimiento que permitió a muchos abrazarse, llorar y reencontrarse.
A 16 años de la tragedia, Constitución mantiene viva la memoria que no es sólo recuerdo, es también aprendizaje, unión y esperanza. En cada aniversario, la ciudad vuelve a mirarse a sí misma, reconoce sus heridas, pero sobre todo destaca su capacidad de levantarse. Porque en la llamada Perla del Maule, cada 27 de febrero, la madrugada además de recuerdos de dolor, también trae la certeza de que sus 102 hijos e hijas viven en el corazón de su gente, y que la búsqueda de justicia, verdad y reconstrucción sigue siendo una tarea pendiente que une a toda la comunidad.








