Durante años se pensó que el intestino sólo cumplía funciones digestivas. Sin embargo, la ciencia ha demostrado que este órgano tiene un papel mucho más complejo: está en comunicación constante con el cerebro, formando lo que hoy se conoce como el eje intestino-cerebro. Este vínculo explica por qué el bienestar mental y la salud digestiva están estrechamente relacionados.
De hecho, estudios recientes publicados en Science Advances evidencian que los trastornos digestivos y metabólicos podrían incrementar el riesgo de enfermedades neurodegenerativas como el alzhéimer o el párkinson. Los investigadores observaron, por ejemplo, que un diagnóstico de diabetes tipo 2 más de una década antes del inicio del alzhéimer eleva el riesgo de padecerlo hasta en un 70%. También se identificaron otros factores asociados, como la gastritis, la esofagitis, las infecciones intestinales y la deficiencia de vitamina D.
“Hoy entendemos que el intestino no solo digiere alimentos; es un órgano muy activo desde el punto de vista neurológico, hormonal e inmunológico. Tiene su propio sistema nervioso y se comunica con el cerebro a través del nervio vago y las hormonas. Además, las bacterias intestinales producen sustancias que influyen directamente en el estado de ánimo, el estrés y la concentración”, explica Chris Pefaur, nutricionista del Laboratorio Nutrapharm.
Más del 90% de la serotonina se produce en el intestino. Por eso, cuando la microbiota —el conjunto de microorganismos que habitan en nuestro sistema digestivo— se encuentra equilibrada, el cuerpo y la mente también lo reflejan. En cambio, cuando este equilibrio se altera, pueden aparecer síntomas como ansiedad, fatiga o falta de concentración.
“Si cuidamos la microbiota, le damos al cerebro un entorno más estable para funcionar bien. Una alimentación rica en fibra, alimentos naturales y hábitos saludables no solo mejora la digestión, sino que también favorece una mejor regulación del estrés y la claridad mental” añade Pefaur.
Cuando miramos el eje intestino-cerebro, entendemos que el apoyo al rendimiento cognitivo no solo pasa por estimular el cerebro, sino también por nutrirlo bien y cuidar el intestino, que es desde donde se originan muchas de las señales de cómo pensamos y sentimos. “Por eso, productos como Momeria y Enfibra se complementan de forma natural: Momeria entrega nutrientes que participan en la memoria y concentración, mientras que Enfibra actúa sobre la salud intestinal, promoviendo equilibrio digestivo y una mejor energía mental”, advierte la nutricionista.
En definitiva, mantener un intestino sano es clave para una mente equilibrada. La ciencia confirma que el bienestar emocional y la claridad mental comienzan, literalmente, desde el interior: cuidar la salud digestiva es también cuidar la salud mental.







