El mercado laboral atraviesa una transformación estructural que está modificando la forma en que las empresas buscan y evalúan talento. En este escenario, el llamado “talento híbrido” —profesionales que integran conocimientos técnicos con habilidades humanas y capacidad de adaptación— emerge como uno de los perfiles más relevantes de cara a 2026. No se trata solo de manejar herramientas digitales, sino de aplicar la tecnología con criterio, contexto y comprensión del negocio.
Según explica Sarah Machado, Manager de Wyser y especialista en gestión de talento, las organizaciones están dejando atrás los perfiles altamente especializados en una sola disciplina para priorizar profesionales multifacéticos, capaces de aprender con rapidez, moverse entre áreas y responder a entornos cada vez más cambiantes. Esta tendencia se ve reforzada por el impacto de la inteligencia artificial generativa, que está transformando tareas y funciones en industrias como servicios financieros, banca, seguros, retail, salud y energía.
Diversos estudios respaldan este cambio. De acuerdo con el World Economic Forum, hacia 2030 cerca del 39% de las habilidades centrales requeridas en los empleos actuales habrá cambiado, desplazando la demanda hacia competencias como el pensamiento analítico y creativo, el aprendizaje tecnológico y la autogestión. Esto explica por qué las habilidades técnicas, aunque siguen siendo fundamentales, ya no resultan suficientes por sí solas para asegurar empleabilidad y proyección profesional.
En este nuevo contexto, las denominadas “soft skills” comienzan a marcar diferencias concretas entre candidatos con trayectorias similares. Capacidades como la resiliencia, la adaptabilidad, la curiosidad, la empatía, la comunicación y el liderazgo intergeneracional adquieren un valor creciente, especialmente en organizaciones donde los roles dejan de ser estáticos y evolucionan junto con la estrategia del negocio y los cambios del entorno.
Desde la perspectiva empresarial, esta priorización responde a varias razones. Por un lado, la vigencia de las competencias técnicas se acorta, lo que obliga a las compañías a buscar personas con alta capacidad de aprendizaje y criterio ético y estratégico para integrar nuevos conocimientos. Por otro, el éxito organizacional depende cada vez menos de la herramienta específica y más de la capacidad de los equipos para tomar decisiones, adaptarse y liderar procesos de cambio.
La mayor demanda por talento híbrido se concentra hoy en sectores como servicios financieros, salud, retail y energía, donde la combinación entre datos, regulación, sostenibilidad, experiencia de clientes y liderazgo resulta crítica. Este escenario también está modificando los procesos de reclutamiento ejecutivo, que avanzan hacia evaluaciones basadas en capacidades demostradas, simulaciones, resolución de casos y aprendizaje, más que en años de experiencia o descriptores rígidos de cargo.
Para los profesionales que buscan proyectar su carrera hacia 2026, el desafío es claro: combinar actualización técnica con desarrollo humano y una comprensión estratégica del negocio. En un entorno donde las habilidades se vuelven rápidamente obsoletas, la resiliencia, el pensamiento crítico, la creatividad y el aprendizaje continuo se consolidan como los principales activos para sostener la empleabilidad y el crecimiento profesional en el mediano plazo.





